Hoy soy oficialmente mayor de edad en todos lados (21 añitos), aunque eso no cambia mi vida más allá del bajón que pueda darme en algún momento puntual, al pensar que la cuenta atrás hacia los 30 ha empezado. Es curioso cómo cuando somos pequeños nos ponemos un año más aunque falten meses para que llegue el día en que realmente cumplamos, y ahora apuremos hasta el último día para no afrontar la realidad de que, efectivamente, tenemos esa edad.Recuerdo que mi primera pequeña crisis al respecto la tuve al cumplir los 18 (¿cómo iba a tener 18 años? ¡Era de locos!), los 19 me ofrecieron una tregua, y a los 20 volvieron a trastocárseme los esquemas. En cualquier caso estoy encantado de tener esta edad, y no me desconsuela pensar en la adolescencia o la niñez, aunque a veces pueda recordarlas con cariño y nostalgia.

A mucha gente le extraña que yo no celebre cumpleaños multitudinarios, en los que reunir a personas que ni se conocen ni tienen interés en hacerlo, y que van a estar incómodas y me van a hacer sentir incómodo a mi; prefiero ser más práctico y quedar cada año con una persona o un grupo diferente, porque en realidad me lo paso mejor que con una multitud impersonal.
Cuando era pequeño si que celebraba fiestas con muchos invitados de lo más divertidas. Intentaba que cada año fuera original y distinto al anterior, y hubo un par de ellos que recordaré siempre. Además de fiestas en casa con visionado de la peli Disney de turno, para luego acabar jugando en la plaza, están “los memorables”, como cuando cumplí los 9 años que fui con una manada de amigos a la antigua plaza de toros, reconvertida en parque infantil donde se celebraban cumpleaños; camas elásticas, juegos, recreativos, atracciones, comida, tarta….debió ser una dejada de perras importante, pero lo recordaré siempre. Cuando cumplí los 13 me fui con dos
amigos en el barco de mi padre hasta la playa de Antequera. Se supone que íbamos a ser seis, hizo mal tiempo y uno de ellos mareó. Para colmo estaba el entonces novio de mi tía (ahora su marido), cuya presencia no me hacía demasiada gracia (¡joder!, era mi cumpleaños, ¿qué pintaba ese desconocido allí?), aún así, me gustó mucho porque fue diferente. Al año siguiente hice un cambio total de estilo y llevé a toda mi clase de chuletada al monte. Creo que esa fue mi última celebración multitudinaria.Otro cumpleaños que recuerdo con gran nitidez fue uno de los que celebré conjuntamente con mi hermana (cumplimos con 2 semanas de diferencia, así que nuestros padres a veces eran prácticos y hacían un 2x1). Fue en el enorme garaje de la casa de mi abuela, y lo recuerdo porque cuando trajeron
las dos tartas todo el mundo quiso comer de la mía (chocolate), y la de mi hermana (limón) se quedó apenas sin tocar. Recuerdo ver la cara de mi hermana en ese momento, y en un intento de que no se notara tanto la descompensación, no probé la mía y me mande yo solito casi la mitad de la suya. Fue un acto bonito, pero todavía me duele la barriga cuando lo pienso.Los cumpleaños son algo que nunca debería dejar de celebrarse, sea del modo que sea; son un día especial, nuestro día en el año, y que seamos mayores, o que hayamos vivido tantos que ya nos parezcan todos iguales, no debería ser excusa para dejar de hacer algo especial y diferente ese día.
Sean cuando sean… ¡Feliz cumpleaños a todo el mundo!



Al contrario de lo que piensa mucha gente, los mordedores de uñas no se las comen, tan sólo disfrutan del indescriptible placer de arrancarlas y dejar la punta del dedo libre de cualquier saliente, padrastro o cutícula “fuera de lugar”. 


Dicen que en lo que primero que se fijan en un hombre es en las manos, los zapatos y el culo (además de tópicos más comunes como la sonrisa y los ojos). Tengo unos pies pequeños pero muy bonitos, (pa qué mentir), y siempre pueden disimularse con unos zapatos alargados. Mi culo ha sido alabado en más de una ocasión así que muy mal no debe estar, por mucho que a María le parezca de lo más mediocre, pero claro…es comprensible, pues ella adora el suyo y es incapaz de apreciar los ajenos (la verdad es que siendo objetivos lo tiene precioso). Sólo me quedaría por solucionar entonces el tema de las manos, que en unos meses serán mirables. Así que una vez alcance mi objetivo, podré salir a la calle no sólo con la mirada al frente, sino también con las manos bien altas y visibles. El nuevo Pablo ha llegado.








Cuando París fue liberado, comenzó la vida teatral de Marceau.
internacional. En las décadas recientes, llevó a Bip de México a China, pasando por Australia. Apareció también en el cine.