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viernes, 27 de abril de 2012
"F."

martes, 19 de julio de 2011
Lo que nos tocaba los cojones
Cuando he hablado de cosas de la infancia, siempre ha sido en tono nostálgico, como casi siempre que se habla de la niñez. Hoy le doy la vuelta a la tortilla, con un top 10 de lo que más me tocaba los cojones entonces... y que me los sigue tocando al recordarlo.1- Las rabietas tomadas a broma: Era frustrante cogerte una calentura de mil demonios (era un niño muy calentón, las cosas como son), en la que te quedabas sin cuerdas vocales tratando de reivindicar tus derechos, para que tus padres o bien se rieran en tu cara (¡qué mono, mira cómo se le hincha le vena! ¡Hagámosle una foto!), o lo que es peor, te la armaran y luego contaran la anécdota a terceros partidos el culo. ¡Cabrones!
Aquí también entrarían las preguntas ingenuas (2); esas observaciones que haces con toda la inocencia del mundo, y que luego se convierten en anécdotas que repetirán con lágrimas de risa en TODAS las reuniones familiares.
Ese falso pato me perseguirá toda la vida.
3- Que los adultos ajenos hablaran como si no estuviéramos delante, haciendo preguntas a nuestros padres en lugar de dirigirse a nostros ("¿Y qué edad tiene el niño?"), para después cambiar el tono, poner voz de imbécil y hacernos una pregunta chorra. Cuando me tocaban las narices, solía responder en el mismo tono simplón en que se dirigían a mí:

- "Holaaaaa, ¿Qué taaaaaal? ¿Vienes del coleeee? ¿Eh?" :D
- "Holaaaaaa. Yo bieeeeeen. Siiiiii. Y tú vienes de trabajaaaaar. ¿Ehhhh?"
La gente encajaba muy mal el sarcasmo infantil; mi madre la primera.
4- Que te
5- Que se sorprendieran tanto cuando los profesores o los padres ajenos decían que somos un encanto, y además no mostraran ningún pudor en hacerlo saber: "¿Un niño encantador dices? ¿Mi hijo? ¿Sueper educado? ¡Qué cosas! ¿Estás segura de que hablamos de la misma persona?"
(Gracias Mamá, yo también te quiero)
6- Que te incitaran a contarle cosas a desconocidos, cuando no te apetecía una mierda: "¡Cuéntale a Fulanito lo que haces en el cole, venga, cuéntaselo. Vamos, cuéntaselo pa que te oiga. ¿eh?".
En mi cabeza sólo se oía una frase que nunca se atrevía a salir por la boca: ¿Y por qué no se lo cuenta tu madre?
Luego pasa lo que pasa, que si un hombre le da un bofetón a una mujer es un hijo de puta, y si es una mujer la que le da el bofetón al hombre... también es el hombre el cabrón. XD
8- "Haz las paces con fulanita; dale un beso y pídele perdón". ¿Habrá algo más odioso e incómodo cuando eres niño que esto? Estás tirándole de los pelos a un pequeño ser del averno (que podía ser un primo, por ejemplo), y tu familia te obligaba a reprimir tus ganas de matar y reconciliarte, cuando ni siquiera habías tenido tú la culpa. ¡Arg!
Recuerdo que cuando me decían eso me ponía chulito y le espetaba a mi hermana:
- "¿Dámelo?"
- "¿El qué?"
- "El perdón que dicen que te pida. Dámelo."
- ¬¬
Exor, no me lo tengas en cuenta; era jóven e inexperto. :(
9 - "Hoy no vamos a pedir refrescos ni zumos ni nada, sino agua para todos, porque hay que beber agua, que es my sana, y lo otro es sólo para los cumpleaños y las ocasiones especiales, ¿ok? Camarero. Nos trae una botella de agua grande y dos cervezas."
10- ¿¡Mamá dónde está tal cosa!?- En su sitio
- No, no está
- ¿Seguro? Como vaya yo y lo encuentre, cobras.
- Que no está.
Y estaba. Nunca comprenderemos cómo cojones lo hacen.
¿Cuáles se me quedan en el tintero?
miércoles, 6 de julio de 2011
Los azules
Esto me hizo pensar que cuando se trata de crear personajes humanoides, optar por el color azul es una apuesta segura. A las pruebas me remito con mi top ten de seres azules:
1 – Los pitufos: ¿A quién podían no gustarle? Eran personajillos del bosque, que vivían en setas y cada uno tenía una personalidad diferente por la que pasaban a ser llamados (Pitufo bromista, pitufo gruñón…). Vivían aventurillas, le tocaban las narices a Gargamel y eran menos empalagosos que David el Gnomo. Diría que siento lástima por el escozor y holgura vaginal de Pitufina, que no debía dar abasto para satisfacer las necesidades de tanto macho (y las suyas propias), pero lo cierto es que siempre se le veía contenta.
2 – El monstruo de las galletas: Es mi teleñeco favorito y uno de los iconos de mi infancia, hasta el punto de que me llamaban así porque devoraba (y devoro) galletas como si no hubiera un mañana (mmm… me han dado ganas de comerme una). Algunos podrían decir que Triqui tenía una personalidad compulsiva y un
grave trastorno alimenticio, pero en honor a la verdad comía sin remordimientos por el mero placer de hacerlo, y es que… ¿quién podría culparle de querer alimentarse sólo de galletas? Yo desde luego no.
3 – Sonic: Aunque me gusta mucho más Supermario como videojuego, no se me ocurre héroe de videojuego más molón que un erizo azul con cara de malote y tenis rojos, capaz de hacerse una bola y rodar a toda velocidad. Fuck Yeah!
4 – El genio (Aladdín, 1992): El que se no se haya partido de risa con el genio de Aladdín está muerto por dentro. Sin duda, uno de los personajes más carismáticos que ha parido Disney, sobre todo por sus continuas referencias a la cultura popular actual. ¡Y encima tiene súper poderes mágicos! Además, como ya conté en su día, de pequeño sentía fascinación por el tema de los genios, hasta el punto de convertirme en uno (azul, por supuesto) y fundar una exclusiva asociación para otros de mi especie. (La historia completa aquí)
5 – Stitch: Amo a Stitch (no en vano le dediqué una entrada tiempo atrás). Lilo & Stitch (2002) me pareció una película genial y muy fresca que me devolvió la confianza en Disney después de las mierdas que había hecho en los años anteriores. La relación entre la
niña y el pequeño extraterrestre es de lo más tierna, pues nos hace ver que por mucho que le hayan inculcado que tiene que ser un ser maligno y destructivo, al final acaba resultado un cacho de pan. ¡Y además vive en Hawai!
6 – Sulley (Monstruos S.A, 2001): Sulley viene siendo un híbrido entre el monstruo de las galletas (un peluche gigante y gordinflón) y Stitch, en el sentido de que aún siendo su función asustar a los niños, se encariña de una niña en especial por la que se le cae la baba. Es taaaaaan adorable.
7 – Flick (Bichos, 1998): Es una hormiga con buenas ideas para la colonia y buen corazón, pero su torpeza y entusiasmo desmedido le hacen ser un inadaptado entre las demás, que no ven la necesidad de progresar pudiendo seguir como hasta ahora. Al final se demuestra que, aunque parezca un soñador sin los pies en la tierra, a veces es necesario que haya gente así para que las cosas cambien a mejor. Como diría John Lennon: “You may say I'm a dreamer / But I'm not the only one / I hope someday you'll join us / And the world will be as one."
8 – Dory: Sin duda el mayor puntazo de una película que es de por sí sobresaliente: Buscando a Nemo (2003). Dory es la grandeza de Anabel Alonso, pues con un mal doblaje se habría quedado en un pez desmemoriado y con ganas de pertenencia a un grupo. ¿Se imaginan al padre de Nemo haciendo ese largo viaje sin ella a su lado? No habría sido lo mismo ni por asomo.
9 – Los Na´vi (Avatar, 2009): Lo sé, la película no es más que una revisión futurista de Pocahontas
(colonizador cambia su visión del mundo y la naturaleza al enamorarse de una indígena que le enseña que el dinero no lo es todo), pero los Na´vi en sí me parecen unos seres bellísimos, con sus orejitas de gato incluidas y sus trenzas USB. ¿Soy el único que les veía su punto a estos pitufos del espacio? ¡Yo también quiero volar entre montañas flotantes subido a un pájaro gigante!
10 – Mística (X Men): Me pasa lo mismo que con los Na´vis. Me parece espectacularmente atractiva, con sus escamitas, su pelo naranja y la piel azul eléctrico de arriba abajo. Vale, es mala, pero hay que admitir que es la hostia, y es la mutante con el poder más alucinante (y práctico) de todos.
Y como bonus track no podía faltar el ser azul supremo, divino y al que rindo culto: ¡Transilmonio! ¡Alabado sea el mono azul!
lunes, 14 de marzo de 2011
Un niño raro
El otro día, cuando escribí sobre el club de los genios, empecé la entrada diciendo que fui un niño raro, y que se notaba a la legua por ser de los pocos que no jugaban al fútbol. En realidad mi intención era escribir qué otras cosas me hacían ser un outsider, pero la nostalgia se apoderó de mí y el post se me fue por otros derroteros. De no haber sido así, habría enumerado, tal y como voy a hacer ahora, un top 5 de cosas que a toda mi clase le apasionaban, y a mí me parecían un auténtico coñazo:1 – Dragon Ball
mo el de Tokio Hotel, hacían ruiditos de estar 2 – Chiquito de la Calzada
¡Aargg! ¡No podía con él! Me parecía retrasado, y no cogía la diversión de repetir palabras sin sentido en medio de "chistes" sin gracia:3 – Los Power Rangers

Otros del mismo palo que los de bola de dragón, aunque en este caso eran actores de verdad. Eran estudiantes que de
Los malos llevaban disfraces de peluche muy cutres, tipo mascota del equipo de baloncesto, y obedecían a una tía con cuernos (¿Maléfica?), que lo único que hacía era reírse en voz alta por ser malísima. ¡Muahahahahahaha!
Con los años el power ranger rojo se pasó al porno, la amarilla murió, otro fue condenado por asesinar a sangre fría a una pareja, y a los demás se los han comido las cucas. Estaba claro que esa gente no podía acabar bien.
4 - Los Tamagotchi
- ¡Hey tío! ¡Tengo un tamagotchi!
- ¿Y eso qué es?
- ¡Es una mascota virtual!
- Osea que no existe, ¿no?
- Claro que existe, mira, es esto.
- ¿Y qué hace?
- Pues nada, está aquí en la pantalla, y tienes que estar pendiente de si tiene hambre, se hace caca o tiene sueño, porque si no lo cuidas se muere. ¡Esta guapísimo!
- Ya... ¿Y si se muere qué haces?
- Le das al botón de reset y vive otra vez.
- Entiendo… ¿me dijiste que te había costado 3000 pesetas? ¬¬
5 – El chavo del ocho
Otra absurdez del estilo de chiquito de la calzada, es decir: hombres "maduros" haciendo el imbécil, y provocando carcajadas por poner muecas y repetir muletillas 800 veces por capítulo. La acción se desarrollaba en el patio interior de una comunidad de vecinos, en la que padres e hijos rondaban los 40 y todos eran retrasados. La serie era aburrida y aberrante, pero oír decir al chavo su “¡No más que me da una rabia!” mantenía a la audiencia enganchada hasta el siguiente episodio. Absolutamente Inexplicable.
¿Soy el único que ponía los ojos en blanco con estas cosas, o hay más gente ahí fuera?
miércoles, 9 de marzo de 2011
El club de los genios
Siempre fui un niño atípico. Lo primero en que se notaba es que era de los pocos que no jugaban al fútbol, y eso es determinante cuando estás en el colegio. Cada recreo y rato ibre que surgía, salían todos despavoridos hacia el patio a vivir apasionadamente cada jugada y dedicarse insultos. Se lo pasaban genial pero a mí no me atraía nada.Eso hizo que trabara amistad con el otro chico que tampoco jugaba: un asocial que prácticamente no se relacionaba con nadie, y que se expresaba a través de sus impresionantes dibujos. Con él fundé el club de los genios, y juntos vivimos infinidad de aventuras. Ese ratito de recreo que tan corto se nos hacía, nos daba para luchar contra robots asesinos, alienígenas malísimos y monstruos en general. El más temible de todos era “Campanoide”, un híbrido entre humano y cyborg, que quería
acabar con nosotros porque sí. Tampoco es que se curren mucho más las motivaciones de los villanos en los cuentos, así que a nosotros nos bastaba con esa explicación.
Como se puede ver el dormitorio está en la tapa, y si observais con detalle, veréis que lo que está al lado de la cama es “Cosa”, la mano autómata de la familia Addams. De la pared cuelga un cartel de prohibido fumar, quedando patente que mi animadversión hacia el tabaco viene de lejos, y a un lado hay un tobogán que me permitría deslizarme,
aprovechando la curvatura natural del asa, hacia mi enorme piscina, en la que vivían delfines y sirenas. ¡Toma ya!
En el fondo de la piscina estaba el cuarto de invitados y el resto de habitaciones típicas de una casa, que ni me molesté en dibujarlas, porque lo que molaba era tener un cuarto grande con tobogán.
La entrada de la lámpara, en el tubo, era una selva (¡con pinos!) habitada por una colonia de osos panda y un mono, y por si no fuéramos ya muchos ahí dentro, vivía con Casper y tenía un schnauzer miniatura. Como más sabe el diablo por viejo que por diablo, y nosotros conservábamos una sabiduría de milenios (yo tenía 9000 años, aunque nadie lo diría), nuestras lámparas se convertían en objetos cotidianos para pasar desapercibidas, al más puro estilo transformers.
Con el tiempo otros se fueron uniendo a nuestro club (lo cual demuestra que aún siendo una frikada, tenía su punto), y conforme iba entrando gente, la adjudicación de poderes era cada vez
más absurda. Una vez agotados los cuatro elementos, pasamos al oro, la hierba, la madera y el metal. Esa prostitución de la idea original, unido a que un par de niñas quisieran enrolarse, fue el principio del fin. Nuestra asociación había cumplido una importante labor en la erradicación del mal, y ya estaba cerca de cumplir con su cometido.
Han pasado los años y el club de los genios no es más que un recuerdo entrañable, y aunque sé que sentir interés por el fútbol es mucho más práctico que no hacerlo (facilitaría mucho las relaciones sociales), no cambio estas vivencias por nada del mundo. ¡Abajo Campanoide!
miércoles, 26 de enero de 2011
Fauna de instituto: El prepotente
Como he dicho en más de una ocasión, el malrollismo gratuito y burlón me toca los cojones hasta dejármelos escocidos. No entiendo el supuesto encanto de ir de comemierda por la vida, y que encima haya descerebrados que les rían las gracias a estos gilipollas. Cuando entré en el instituto me topé con uno de estos elementos, y casi desde el primer día me gané su enemistad. ¿Saben eso que dicen los padres de que “es una tontería pensar que un profesor te tiene manía”? Pues en este caso no lo era: este tío me la tenía jurada.Mi profesor de filosofía entraba crecido en clase, con unos andares más propios de un chulito de discoteca que de un hombre maduro; hablaba con una prepotencia y un desprecio que parecían meticulosamente estudiados, como si estuviera parodiando a un engreído. Hablaba con el ceño fruncido, voz impostada y desgana, como si le aburriera soltar la parrafada, pero a la vez riéndose… de nosotros. Era insufrible.
Sé que no era lo más inteligente, pero es que era superior a mí; cuando me tocan las narices se me arquea la ceja sin que pueda hacer nada, y en casos
extremos, la ceja me llega casi hasta la línea del pelo. El mierdaseca este se dió cuenta, y al no formar parte de los hipócritas y masocas que le reían los insultos, firmé mi sentencia de muerte. Fueron pasando los exámenes, y mis notas, que seguían siendo buenas, empezaron a bajar ligeramente; nada demasiado descarado, pero si lo suficiente como para alejarse cada vez más del sobresaliente. Lo curioso es que mis exámenes seguían siendo muy buenos, pero él buscaba la forma de que no lo pareciera. Había una pregunta que caía siempre, consistente en definir, palabra por palabra, algunos de los términos que nos había mandado a estudiar para cada ocasión. Valía dos puntos, y aún teniéndolo perfecto hasta la última coma, me ponía la nota que le daba la gana. Si en esa parte, que era la más objetiva, hacía lo que le salía del escroto, pueden hacerse una idea de cómo me evaluaba la parte redactada.
Lo curioso es que, según sus palabras, cada autor era excluyente, pero por algún motivo cambió la política en junio, y luego sostuvo que siempre había sido evaluación continua.
imposible que me diera tiempo. Obviamente me copié hasta a la hora de poner mi nombre, porque no me daba tiempo de estudiar, y porque no me daba la gana hacerlo. En ese examen me fui "de chuletada" como hasta entonces no se había visto nunca, y cuando supe la nota (aprobado) me dijo con una sonrisa victoriosa: - “¿Ves como no era pa tanto? Si te hubieras esforzado en su momento…”
miércoles, 5 de enero de 2011
Los reyes son los padres
Cuando eres pequeño estás constantemente expuesto a enterarte de lo de los reyes, ya sea porque tus amigos oyen cosas y las comentan, porque los niños mayores quieran joderle la ilusión a los pequeños, o por falta de sutilidad en la tele (este año un anuncio de Toys are us despejó dudas masivamente). Cuando esos peligros acechan y se te pone la mosca detrás de la oreja, ahí está la familia para darle la vuelta a todo y mantenernos la fantasía a cualquier precio. Menos en mi caso. Yo me enteré de que los reyes eran los padres por dos vías distintas, las dos culpa de Tíamaterna (Perra).En el primer caso estaba yo en mi cuarto, jugando tan feliz con mis juguetes nuevos, cuando Tíamaterna entró y reparó en un cuadro nuevo de El libro de la selva. Desde ahí, y muy entusiasmada, le gritó a mi madre que dónde lo había comprado, que estaba muy bonito. Ella, que estaba en el baño y no podía ver que yo andaba allí, le dio todas las referencias, y con la misma mi tía salió de la habitación y siguió a otra cosa, casi como si sólo hubiera entrado a reventarme la magia del 6 de enero. Me quedé con cara de imbécil intentando hacer conexiones mentales coherentes, porque nada de aquello tenía sentido: ¿Cómo cojones iba a saber mi madre dónde se compraba y a qué precio, si me lo habían traído desde Oriente? ¿Qué clase de broma era esa? ¿Por qué habría de mentir mi madre sobre los reyes? ¿Y si no era mentira…?
Por el bien de mi salud mental decidí pasar aquello y dejarlo arrinconado en la mente, como si
conmigo no fuera. Me había despertado la duda, pero no me daba la gana indagar porque temía dar con una respuesta demoledora.Ahora me diréis que mi pobre tía no tenía culpa, que aunque debería haberse cortado al preguntar por cosas nuevas en enero (era casi seguro que se trataría de un regalo), fue un despiste. Pues bien, ese verano, estábamos en la playa ella, mi primo mayor, el perro que le había regalado “Papá Noel” y yo. Nos encontrábamos bajo la sombrilla tomando el sol, cuando se acercó una amiga de mi tía:
- Pues es una monada
- La verdad es que sí. A mí no me convencía la idea, pero al final accedí a comprárselo porque le hacía ilusión.
- (…)
¡Joder! ¡Hay que ser torpe! Sólo le faltó acercarse a mi oído y decirme: “¿Te has enterado Pablo? Los reyes no existen y Papá Noel tampoco. Todo ha sido una farsa y te han engañado toda la vida.”
Por si quedaba alguna duda, al año siguiente, haciendo un belén de plastilina en clase (no entiendo cómo se dio esa situación, ya que mi colegio era antireligioso), nuestra profesora, que tenía un mal día, arremetió contra un alumno torpe, diciéndole en voz alta:
- Total… no sé para que te esfuerzas tanto en hacer a Baltasar si en realidad los reyes no existen.
Malditas revienta infancias… ¬¬
lunes, 23 de agosto de 2010
¡Felicidades Puretín!
Dentro de unos días mi abuelo paterno cumple 90 años, y como no podía ser de otra forma en mi familia, lo vamos a celebrar con una fiesta sorpresa. Cualquiera podría pensar que después de tantas en los últimos años, ya nadie puede sorprenderse con estas cosas, pero lo cierto es que entre que no han sido demasiado seguidas, y que mentimos muy bien, siempre se queda todo el mundo en bragas.Preparar la fiesta y el regalo estrella (un libro recopilando todo lo que ha escrito en su vida, además de fotos y cartas de la familia) ha costado dinero, sudor y lágrimas, pero él se lo merece. No lo digo porque sea mi abuelo (que también), sino porque realmente es una persona extraordinaria. Jamás he oído una palabra negativa sobre él, y todos le tenemos en un pedestal.
Desde que mi padre tiene memoria, recuerda cómo le inculcaba la importancia de ser una persona honrada, educada y respetuosa; no concibe que se pueda ser de otra forma, y por eso se envenena tanto cuando tiene que lidiar con
la gentuza que puebla el planeta (creo que eso lo heredé de él). Tener una conducta intachable no implica que sea un hombre soso e inflexible, todo lo contrario; es un cachondo de tomo y lomo, forofo de las bromas y que siempre está riéndose. Muy pocas veces he visto a mi abuelo enfadado; creo que no le sale por una cuestión de carácter. Para qué andar peleándose si es más agradable estar de buen humor.Recuerdo que cuando éramos pequeños, nos enseñaba fábulas a la Exorsister y a mí, y nos ayudaba con paciencia en los deberes del colegio. Aunque ahora ande un poco más desmemoriado, tiene una cabeza que es un portento. Fue aparejador, y de aquellos tiempos le queda, además de la pulcritud matemática para hacer cualquier tarea, la asombrosa habilidad de saber cuánto miden las cosas. Es capaz de mirar un pedazo de madera y decir: “esto debe medir… 41 cm y medio”. Y acierta.
(Sí, este galán de cine es mi abuelo)
a continuación ser el que anima a los demás a cantar y tocar instrumentos En ocasiones especiales se ha liado la manta a la cabeza, y ha complementado esos recitales con disfraces. Aún recuerdo cómo nos dejó a todos boquiabiertos cuando cantó la zarzuela "La niña de la estación"… vestido de la protagonista. Posteriormente ha sido asistenta, sevillana o gitana. ¿Quién más tiene un abuelo tan desvergonzado y capaz de reírse de sí mismo?Es un hombre activo e inquieto, que mantiene intacta la curiosidad por saber cosas nuevas; nunca ha dejado de escribir, va a la ópera, hace sudokus compulsivamente, y se sacó el título de patrón de barco ya entrado en años. En relación a esto último, hace poco le dieron una condecoración por ser el participante más veterano de la última regata en la que estuvo.
¡Felicidades puretín!
martes, 5 de enero de 2010
Cabalgata de Reyes
Atentos al trailer:
sábado, 19 de diciembre de 2009
Teruel existe… ¡y da miedo!
Hace casi once años, estando en primero de la ESO, mi colegio organizó un intercambio escolar con un centro de Teruel. Ambos directores se habían conocido en uno de los viajes en autostop del mío, que de joven vio toda España y parte de Europa sin pagar un duro. Durante años estuvieron tanteando la posibilidad de llevar a cabo el proyecto, y para cuando lo decidieron fuimos nosotros los afortunados. En realidad creo que se trató de justicia divina, pues entre unas cosas y otras habíamos tenido menos excursiones que cualquier otra promoción, y ya era hora de que nos premiaran con algo que lo compensara. No fuimos a la Danone, a los bomberos ni a la fábrica de golosinas, de la que todos los niños venían con una bolsa llena. ¡Cabrones! El caso es que este intercambio tenía algo especial que explicaba por qué había sido tan difícil llevarlo a cabo: los alumnos de allí eran de educación especial. El objetivo del proyecto era que tuviéramos un contacto directo con ellos a una edad temprana pero certera (ni siendo muy niños, ni ya pasada la pubertad), para que aprendiéramos a ver sus discapacidades como algo accesorio, y no como el elemento que les definiera como personas. La experiencia fue muy enriquecedora a varios niveles, y es que además de la amplitud de miras que adquirimos, era la primera vez que hacíamos un viaje juntos, y todo el mundo sabe cómo son esos viajes adolescentes…
Nos quedábamos en un albergue juvenil de un pueblo de las afueras (por si estar en Teruel no fuera suficiente, encima estábamos alejados del centro), y aunque para cada excursión o actividad había que coger una guagua que tardaba un buen rato, lo cierto es que aquel sitio tenía
Cuando la cosa empezó a animarse hizo aparición un tipo con un cabezón de toro de cartón-piedra, como los cabezudos de las cabalgatas, que se dedicó a perseguir a la muchedumbre con bengalas en los cuernos. La gente “se asustaba” y corría delante de él, disfrutando de una diversión sana sin necesidad de putear y asesinar a ningún animal.
Una vez pasado el momento taurino, cuando el alcohol ya empezaba a despertar los instintos más primarios de los lugareños, uno de nosotros le hizo no se qué comentario “desafortunado” a un chico autóctono, firmando así nuestra sentencia de muerte. El turolense hizo piña con sus amigos, con los amigos de sus amigos y con los que estaban por allí de paso, y empezaron a perseguirnos a todos en grupo, al grito de: “HIJOS DE PUTA, OS VAMOS A MATAR”. Sin saber cómo ni por qué, pasamos de estar tranquilamente con nuestra Fanta en la mano, a correr por la pronunciada pendiente que daba hasta nuestro albergue, que a su vez, estaba en un callejón sin salida. A lo lejos, la masa enfurecida avanzaba
hacia nosotros con rapidez, y aunque había compañeros de clase dentro, la puerta se había atascado y no podían abrirnos. Por más que les gritáramos o aporreáramos la puerta aquello no cedía, así que con ayuda de los más fuertes, trepamos por la ventana como medida desesperada. Cuando ya habían entrado unos cuantos la puerta por fin se abrió; entramos los que quedábamos y la cerramos a toda prisa justo antes de que nos alcanzaran. Nunca entendimos ese arrebato de ira injustificada en el que sólo faltó que se armaran con antorchas y tridentes, y llegamos a pasar miedo por la posibilidad real de que nos dieran una paliza; entrar por la ventana supuso un gran riesgo, porque nos podríamos haber caído y hacernos mucho daño, pero aún con todo lo negativo, no cambio ese episodio de subidón de adrenalina por nada. Teruel existe, y no se me olvidará nunca.


