Se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín, que en términos históricos supone una miseria de tiempo; casi puede decirse que estaba en pie hasta antes de ayer. Podría hablar de lo que supuso para el mundo en general y para la sociedad alemana en particular, o hacerme eco de alguno de los testimonios que se escuchan en estos días, sobre quienes trataron de cruzarlo o tuvieron que abandonar la vida que conocían al otro lado de esa mole de hormigón, pero creo que ya estamos saturados de lo que hemos leído y escuchado estos días en los medios. En lugar de eso, y como además estoy cargado de cosas que estudiar, aprovecho la ocasión para recomendar una película y una canción alusivas.
El filme es “Good bye Lenin!”, que retrata de una forma magistral, incluso cómica, las extrañas circunstancias que se vivieron entonces; todo ello con una genial banda sonora compuesta por Yann Tiersen. Podría poner el tráiler que hay en Youtube, pero es una mierda; este está mucho mejor: (pinchar aquí para verlo).
La canción es la más emblemática de la banda Pink Floyd, que si bien no habla de las dos alemanias de una forma directa, hace referencias al emblemático muro. Cuando esté menos ajetreado, prometo postear algo más elaborado.
Como buen LOSTadicto que se precie, me he interesado por los proyectos en los que andaban metidos algunos de los actores protagonistas, que en vista de que el final de la serie se acerca, ya están empezando a buscarse los garbanzos en otro sitio. Aquellos de los que me han llegado noticias han tirado por la ciencia ficción, quizás porque los productores que les han requerido han tratado de arrastrar con ellos al público de “Perdidos”. Si Boone se ha convertido en vampiro (¡Qué manía le ha entrado ahora a todo Dios con los vampiros!), y Penny y Charlie están en el elenco de “Flashforward”, Juliet es la estrella principal del remake de “V”, la mítica serie de los 80 sobre extraterrestres. En el primer capítulo, dos chicos consiguen un pase para visitar por dentro una de las naves espaciales que llega a la ciudad, y cuando entran se quedan fascinados por su futurista arquitectura de diseño.
Hay que reconocer que el interiorismo de los alienígenas es bonito, pero van muy cortos en originalidad, pues si esos chicos hubieran estado en Valencia, se habrían dado cuenta de que lo único que han hecho es calcar ladrillo a ladrillo la Ciudad de las artes y las ciencias. ¿No me creen? Aquí está la prueba:
Anda que… tanto dinero invertido en atrezzo y tecnología digital, para que luego no sean capaces de crear los decorados por ellos mismos. ¡Hay que joderse!
El personaje de Torrente resulta objetivamente desagradable; es sucio, sudoroso, flatulento, mal hablado, racista, homófobo, facha y simplón. Sin embargo, a todos se nos ha dibujado la sonrisa (o directamente nos ha entrado la carcajada), con alguna de sus míticas frases. La razón es que es más cercano de lo que nos gustaría admitir, porque Torrentes hay muchos, aunque afortunadamente suelen estar más diluídos que el original. Algunos de sus sucesores son El Frutero de "7 vidas", Mauricio de la serie "Aída", y el constructor de "La tira", que sin ser tan deleznables, tienen el mismo look y la misma filosofía de vida.
Cuando a Santiago Segura le preguntaban de dónde sacaba esas ideas tan escatológicas y políticamente incorrectas, respondía que de la calle; que mirara a donde mirara descubría conversaciones y comportamientos que le subirían los colores al más depravado. Tenía más razón que un santo, pues yo mismo descubrí a un Torrente en la facultad; escuché sin querer una conversación de pareja y tuve que dar media vuelta para que no me oyeran reír. Ella (color rosa) era muy dulce y hablaba con tímidez, casí sonrojándose; él (en verde) era más bruto que un arado y tenía una empatía nula:
-Oye... que… Hay algo que me gustaría decirte, pero me da vergüenza...
-¿Qué pasa?
- Bueno, yo… esto… quería comentarte algo sobre la última vez que nos vimos.
- Cuando follamos ¿no?
- Eh… esto… sí. Bueno, yo... quería decirte que… eso que te hice no es algo que suela hacer.
- ¿El qué? ¿la mamada?
- Mmm...Sí… eso. Nunca lo había hecho, y bueno... quería que supieras que si lo hice fue porque me gustas. Creo que eres muy especial.
- ¿Eso significa que se va a repetir?
- ¬¬
Efectivamente Torrente es como Dios; está en todas partes.
¿Se han fijado en que los actimeles de hoy son las compresas de ayer?
Hace unos años, el mundo de los anuncios de compresas dio un giro de 180 grados, cuando dejaron de morderse la lengua para hablar de la regla, y optaron por vendernos un mundo de alegría y color relacionado con la misma. Seguían sin llamar a las cosas por su nombre y optando por el líquido azul para escenificar los efectos del rojo, pero ahora tener el periodo no sólo no era una jodienda, sino que era como vivir un orgasmo infinito. Ya no existían los cólicos, la mala leche, el mal cuerpo ni la Saldeva; y de sangrar ni hablamos, claro. Ahora los días con menstruación eran más luminosos, la gente saludaba más por la calle, el arcoiris permanecía una semana en el cielo, y las plantas florecían más y mejor. El mundo de Narnia era una mierda en comparación con lo que cambiaba la vida de las mujeres cada 28 días, y los hombres empezamos a sentir envidia por ese subidón de felicidad que nunca podríamos experimentar. Yo también quería pasar una jornada como las chicas del anuncio: con una sonrisa de oreja a oreja, viviendo incesantes aventuras surrealistas, y oliendo nubes de aroma indefinido (¡Sum sum!). El concepto de “Ponte un tampón y sigue con tu vida” estaba bien encauzado, pues le quitaba hierro a un asunto incómodo, pero el enfoque de alucinación onírica fue demasiado drástico entonces, y desde el primer momento empezaron los cachondeos.
Los años han pasado, y ya hemos asumido los anuncios festivos de compresas como algo normal; incluso hemos dejado de preguntarnos por qué si los medicamentos, los clinex o las tiritas se venden con envoltorios neutros, las fundas de las compresas tienen tanto colorido estridente y dibujos infantiles. Ahora existe un producto sustituto, que reporta casi tanta felicidad, tranquilidad y salud: El actimel.
Sin entrar a trapo sobre si es más dañino que beneficioso, por eso de que atiborrar el cuerpo a cantidades antinaturales de defensas pueda crear un efecto rebote, debemos poner los puntos sobre las íes. Nos empezaron vendiendo que era algo bueno, y se han ido entusiasmando tanto que ya están aleccionándonos de forma mesiánica; Actimel es el nuevo Dios que ha venido a salvarnos a todos. ¡Aleluya! Me revuelve ver cómo nos intentan colar su “vital importancia”, recurriendo a falsos testimonios de madres sufridas o famosos que den credibilidad; nos advierten que no se puede tener una nevera sin ese brebaje curativo, y dentro de poco acabarán sentenciando que el Tamiflú es un engaño, y que si realmente queremos protegernos de la gripe, lo que tenemos que hacer es beber Actimel en cantidades industriales.
Señores de Danone, llevamos toda la vida viviendo sin sus bacterias mágicas, y aquí seguimos: vivos, sanos y longevos. ¿Con qué autoridad me vienen a decir ahora, que si no me bebo un par de botellitas de leche con sabor raro, estoy perdido ante catarros e infecciones? ¡No me toquen los cojones!
Si anunciaran coherentemente el producto y sin prometer duros a cuatro pesetas, no tendría problemas, pero es que nos bombardean sin vergüenza con pantomimas con tufo a confesión de “El diario de Patricia”, en las que la gente cuenta, literalmente, “cómo entró el Actimel en sus vidas, cambiándolas para siempre”. ¿Se creen que somos gilipollas o qué? ¡Es un puto yogur líquido! ¡Eso no le cambia la vida a nadie!
Luego pasa lo que pasa y los consumidores se acaban creyendo cualquier cosa. El otro día acudió un chico con gripe al hospital en el que trabaja mi tía. Cuando le dijeron que estaba enfermo, reaccionó negando las evidencias de sus pruebas, aludiendo a una coartada inquebrantable:
- “No puedo tener gripe porque yo tomo Actimel.”
Muy bien señores fabricantes, trabajo conseguido. La masa borrega ya ha mordido el anzuelo, y si la cosa crece más, me veo a los insensatos que tengan alguna infección o un sistema inmunitario deficiente, sustituyendo sus tratamientos médicos por un par de botellitas al día. Eso sí que acabaría con nosotros y no la pandemia de moda de cada año.