Translate

martes, 18 de enero de 2011

Cocodrilo sacamuelas

Como no es oro todo lo que reluce y en el fondo no soy tan malo, aquí va una entrada pro niños para sanear la imagen que di en l última. Y es que aunque a veces me saquen de quicio, uno no puede evitar enternecerse o reirse ante según qué ocurrencias...

El otro día me tocó hacer de niñero, y buscando en el altillo algo con lo que entretener a mi primo pequeño, encontré… ¡el cocodrilo sacamuelas! ¿Lo conocen?
Era un cocodrilo de plástico con ruedas en la base, que te desafiaba con la boca abierta y un montón de dientes en relieve. Cada participante debía intentar quitar un diente sin importunarlo, pero cuando al bicho se le inflaban las pelotas, cerraba la boca a toda velocidad y se avalanzaba hacia su torturador. Era un juego simple y sádico; perfecto para cualquier niño.

Mientras mi primo le iba arrancando piezas dentales, acompañaba el sufrimiento del animal con maltrato psicológico:

- Si le seguimos quitando dientes lo vamos a dejar como un viejo desgraciado.

- Está bien, me has mordido cocodrilo... pero al menos te quité antes los dientes.

- Ajá cocodrilo, ya no tienes dientes; ¿A quién muerdes ahora? ¿eh? ¿eh?

- ¡Jolín! ¡Me mordió el dedo!... Menos mal que no me mordió la cuca. :o

- Peibol, quiero que te ataque a ti y no a mí, porque… ¡No quiero morir!

- Mira Peibol, va hacia sus dientes; eso es que quiere recuperarlos. ¡Juas!


¡Cuánta crueldad! ¿Nosotros éramos también así de maquiavélicos?


viernes, 14 de enero de 2011

Herodes no era tan malo

En los últimos tiempos me he dado cuenta de una cosa: cada día soporto menos a los niños. En realidad lo que me saca de quicio no es que existan en sí, sino que no tengan botón de silencio. ¿Es que no saben cerrar la boca? Me gustan cuando son pequeños; tan bonitos, tan adorables y tan... callados. Desde que nacen, a los padres les da por pensar cuánto tardarán en empezar a hablar, y cuando por fin lo hacen, claman al cielo para que se callen. Bendita capacidad adulta de no oralizar TODO lo que se nos pasa por la cabeza…

Quizás es porque en general tengo una menor tolerancia al ruido (en los bares me agobio cosa mala), pero en no pocas ocasiones me he imaginado sacando una recortada por la ventana y haciendo una masacre infantil. Está claro que no lo haría, pero imaginarnos en situaciones violentas como catarsis es algo que todos hacemos de vez en cuando, y quien diga lo contrario miente. ¿Tan difícil es hacer comprender a los niños que se puede jugar sin gritar como si les estuvieran desollando?
Ayer, mientras comía en un restaurante con mi tía, estábamos hablando de la ley antitabaco (no dejen de leer este genial post de la exorsister); ella apuntó que más que los cigarros, lo que prohibiría en los restaurantes son los niños, que es un por culo muy grande estar comiendo y tener al chiquillaje corriendo y gritando entre las mesas. Tiene más razón que una santa, ¿o no?

Por supuesto hay niños con educación que saben comportarse, pero parece que muchos padres consideran que los hijos son comunitarios, y por eso cuando están cansados de cuidarlos, los demás tenemos que aguantar su falta de modales mientras ellos miran a otro lado. ¡Gentuza!

¿Dónde está Hermione cuando se necesita un “petrificus totalus”?

martes, 11 de enero de 2011

¡Vivan las rebajas!

Nunca pensé que escribiría un post con este título, porque comprar ropa me suele tocar los cojones, y más en rebajas, que está todo revuelto y lleno de gente... pero este año es distinto. El problema es que en general tengo muchos problemas para encontrar prendas que me gusten y me queden bien, porque el mundo textil está pensado para quienes miden 1,80. Quienes estamos (bastante) por debajo de esa altura estamos jodidos. La talla S es lo primero que vuela en cualquier época del año, porque los españoles no encajamos con el prototipo de jugador de baloncesto que imponen los fabricantes, y porque todo el mundo se tira en plancha a por las tallas pequeñas, aún cuando sean unos monstruos de gimnasio. Así los vigoréxicos se llevan tallas que NO les sirven para ir dando vergüenza ajena marcando musculitos. ¡Cabrones! ¡Dejen alguna oportunidad para quienes compramos la talla pequeña por necesidad y no por capricho!
Lo gracioso es que luego sólo se oye a los gordos lamentándose porque no hay ropa de su talla. ¡JA! Puede que con las mujeres sea otro negociado, pero yo me harto de ver XL en todos lados, y no pecisamente pocas. Si no, en cualquier caso quedan las tiendas de tallas grandes, que serán más caras y con ropa menos atractiva, pero ahí están. ¿Alguien ha oído hablar de las tiendas para delgados? Pues eso.

Existen unos pocos sitios en los que puedo comprar pantalones de mi diámetro, pero todos los que venden son, como desde hace unos años, pitilleros hasta la gangrenación de gemelos y tobillos, y es algo por lo que no pienso pasar. Me parecen una aberración, y seguiré sacándole partido a los que consigo comprándome en el extranjero muy de vez en cuando (me traje dos de Nueva York hace casi dos años y me los pongo día sí día no). ¿Tan difícil es hacer unos vaqueros sin excentricidades, que me sirvan y que NO sean de pitillo?

Con las camisas y camisetas la cosa es un poco más fácil pero tampoco para tirar cohetes; muchas me quedan bien de hombros pero luego caen como sacos, y tengo que estrecharlas, subirles el vuelto, y si son de manga larga subirle las mangas, aunque creo que eso es univeral. ¿Por qué hacen todas las mangas como si las manos nos llegaran por las rodillas? Al final resulta que me compro una camiseta de 10 euros y me gasto otros 20 en arreglarla, pero es lo que hay. En cuanto a los tenis sólo puedo decir una cosa: ¡Gracias señor Converse por hacer las All star de todos los tamaños y colores!

El caso es que este año me dio por ir a las rebajas una hora antes de que cerraran las tiendas, para tantear lo que había, porque en general tardo muy poco en revisarlas para comprobar que no hay nada que me sirva, y me volví con DOS chaquetas vaqueras. ¿Se dan cuenta de la magnitud de ese acontecimiento? Llevaba añísimos (me fascina ese término canario) buscando una, y ya había desistido. Ayer di con las dos ÚNICAS talla S que había en todo el centro comercial, que estaban a un precio bastante razonable, y estoy que no quepo en mí de contento. Llamadme simple, pero las escasas veces en que compro algo de ropa y no tengo que hacerle ningún arreglo me siento como si hubiera sido tocado por la gracia de dios. Las dos eran originalmente carísimas, y ahora no es que fueran tampoco muy baratas, y es que esa es otra; hay una serie de marcas que hacen ropa para mí, por tamaño, corte y diseño: las marcas caras. La sociedad me obliga a ser pijo, aunque sea sólo en rebajas, pero que me quiten lo bailado:
¡¡He conseguido dos chaquetas perfectas al 50%!! ¡Wiiiiiiiiiiiiiii!

domingo, 9 de enero de 2011

¡Muéranse de envidia!

Con todo el lío de los reyes he estado un tanto desconectado de la bloggosfera, y por eso había pasado por alto comentar que... ¡me han dedicado una entrada!

La Exorsister, que no es especialmente ñoña más allá de su pareja, me sorprendía con un post que me ha dejado en bragas.... muy gratamente en bragas.

Les invito a leerlo (y comentarlo) pinchando aquí, para que me digan si no es para comérsela a besos. Por cierto, el título del post no hace sólo referencia al hecho de que haya escrito sobre mí, sino a que soy la única persona en el mundo que tiene a la Exorsister como hermana. ¡Muéranse de envidia!

miércoles, 5 de enero de 2011

Los reyes son los padres

Cuando eres pequeño estás constantemente expuesto a enterarte de lo de los reyes, ya sea porque tus amigos oyen cosas y las comentan, porque los niños mayores quieran joderle la ilusión a los pequeños, o por falta de sutilidad en la tele (este año un anuncio de Toys are us despejó dudas masivamente). Cuando esos peligros acechan y se te pone la mosca detrás de la oreja, ahí está la familia para darle la vuelta a todo y mantenernos la fantasía a cualquier precio. Menos en mi caso. Yo me enteré de que los reyes eran los padres por dos vías distintas, las dos culpa de Tíamaterna (Perra).

En el primer caso estaba yo en mi cuarto, jugando tan feliz con mis juguetes nuevos, cuando Tíamaterna entró y reparó en un cuadro nuevo de El libro de la selva. Desde ahí, y muy entusiasmada, le gritó a mi madre que dónde lo había comprado, que estaba muy bonito. Ella, que estaba en el baño y no podía ver que yo andaba allí, le dio todas las referencias, y con la misma mi tía salió de la habitación y siguió a otra cosa, casi como si sólo hubiera entrado a reventarme la magia del 6 de enero. Me quedé con cara de imbécil intentando hacer conexiones mentales coherentes, porque nada de aquello tenía sentido: ¿Cómo cojones iba a saber mi madre dónde se compraba y a qué precio, si me lo habían traído desde Oriente? ¿Qué clase de broma era esa? ¿Por qué habría de mentir mi madre sobre los reyes? ¿Y si no era mentira…?

Por el bien de mi salud mental decidí pasar aquello y dejarlo arrinconado en la mente, como si conmigo no fuera. Me había despertado la duda, pero no me daba la gana indagar porque temía dar con una respuesta demoledora.
Ahora me diréis que mi pobre tía no tenía culpa, que aunque debería haberse cortado al preguntar por cosas nuevas en enero (era casi seguro que se trataría de un regalo), fue un despiste. Pues bien, ese verano, estábamos en la playa ella, mi primo mayor, el perro que le había regalado “Papá Noel” y yo. Nos encontrábamos bajo la sombrilla tomando el sol, cuando se acercó una amiga de mi tía:

- Oye, ¿y ese perro?
- Ah, se lo regaló Paco al niño por las navidades (¡ZAS!)
- Pues es una monada
- La verdad es que sí. A mí no me convencía la idea, pero al final accedí a comprárselo porque le hacía ilusión.

- (…)

¡Joder! ¡Hay que ser torpe! Sólo le faltó acercarse a mi oído y decirme: “¿Te has enterado Pablo? Los reyes no existen y Papá Noel tampoco. Todo ha sido una farsa y te han engañado toda la vida.”

Por si quedaba alguna duda, al año siguiente, haciendo un belén de plastilina en clase (no entiendo cómo se dio esa situación, ya que mi colegio era antireligioso), nuestra profesora, que tenía un mal día, arremetió contra un alumno torpe, diciéndole en voz alta:

- Total… no sé para que te esfuerzas tanto en hacer a Baltasar si en realidad los reyes no existen.

Malditas revienta infancias… ¬¬