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jueves, 9 de agosto de 2007

Solo en casa

Casi sin tiempo para quitarse el jet lag de encima, mi madre llegó de Italia, descansó unos días, y con la misma volvió a hacer las maletas para un viaje con mi padre a Amsterdam (¿Querrán probar nuevas experiencias que sólo la capital del libertinaje puede ofrecerles?). Al igual que en el viaje anterior, estoy viviendo prácticamente solo, porque mi hermana no para la pata en casa ni diez minutos al día, y ahora mi padre no es que llegue tarde y se vaya temprano como la otra vez, sino que como he dicho, no está.

El desorden se mantiene más o menos a raya cuando viene la asistenta (nunca sé muy bien como denominar a la "trabajadora de la limpieza", porque parece que uses la palabra que uses, va a sonar despectivo), pero casualmente esta semana no pudo venir porque se iba de vacaciones. Si a mi desorden natural sumamos la vagancia, y la falta de gente con la que convivir, por la cual te esmeras un poco en tener la casa decente, pueden imaginarse cómo anda la cosa. Bueno, ¿para qué imaginar? Compruébenlo con sus propios ojos. Este es el aspecto actual de mi cocina:

El caso es que hoy, y no antes, comprendí que tengo que replantearme mi situación actual
en casa. La revelación divina me vino tras un cúmulo de circunstancias que me hicieron acabar travestido y desnudo a la vez. Como todo, tiene su explicación, y la mía es buena y verosímil:

Como me había levantado tarde y no tenía ganas de almorzar a la hora en que suelo hacerlo, aproveché para ponerme mi ropa de gentuza e irme a correr; la guagua de vuelta se retrasó más de lo normal, y dadas las horas (las 5 de la tarde), y el cansancio físico, tenía tanta hambre que estuve a punto de enrollar como espaguetis los cordones de mis zapatillas deportivas tenis, y comérmelos como hiciera Chaplin en su día.

Llegué a casa sudado, maloliente y acalorado, así que me desnudé un segundo después de haber cerrado la puerta, y ataqué la nevera para freír las hamburguesas hechas el día anterior. Preparé mi bandeja a velocidad de vértigo, con la mala suerte de que en el último momento se me cayó una copa al suelo (algo normal con toda la loza que hay apilada), que se rompió en mil pedazos que se acercaron rápida y peligrosamente a mis pies descalzos. Di un brinco hacia la puerta de la cocina, y busqué en la zapatera algo que ponerme para poder entrar de nuevo y retirar las hamburguesas del fuego:

-¡Mierda! ¡No encuentro nada!... Veo tenis que no me sirven , las "all star" que se tarda un siglo en enhebrar, unas zapatillas rotas, zapatos que no alcanzo a coger...
¿ES QUE NO HAY NADA QUE PUEDA PONERME?
¡¡QUE SE ME QUEMAN LAS HAMBURGUESAS, Y LOS RETORTIJONES DE HAMBRE ME ESTÁN MATANDO!!

Los únicos zapatos que alcancé a ponerme fueron unos tacones de mi madre. Una vez calzados, y con la máxima rapidez que pude (¡Es imposible caminar con eso! ¿Cómo harán las mujeres para llevarlos todo el día?), salvé de la quema las hamburguesas, cuyo olor a carne recién hecha desató una lucha de jugos gástricos en mi interior; cogí la bandeja y me fui para el cuarto de la tele, que es donde hay aire acondicionado. Cuando me vi desnudo en medio del pasillo, con unos tacones de colores,y sosteniendo una bandeja en las manos no pude evitar reírme. En ese momento comprendí que algo estaba fallando en mi modo de vivir como "soltero", así que en cuanto publique esta entrada me voy a recoger; de verdad que si, lo prometo.
A ver si es verdad...

miércoles, 8 de agosto de 2007

Belleza "mejorada"

En contraposición a la tónica general al hablar de cirugía estética, no voy a atacarla estableciendo tajantemente ausentencias apocalípticas, que hagan referencia a su inmoralidad o dañina frivolidad; cada uno es libre de hacer con su cara y cuerpo lo que le de la gana. La cirugía como avance médico es algo maravilloso y, en ocasiones, la única solución si por alguna razón sientes la necesidad real de retocar algo en ti, que te hace pasarlo mal y te limita la vida. Sin ir más lejos, conozco de primera mano el caso de una persona que se retocó el pecho por una malformación, quedándose así mucho más contenta, segura de si misma y, si cabe, más guapa.
¿Quiere decir esto que me parece mal que se use de forma vacía y caprichosa, aunque no haya una necesidad "real" de llevarla a cabo? Por supuesto que no. Si tienes el dinero y tienes ganas de cambiarte algo, ¿a cuenta de qué vas a tener que rendirle cuentas a nadie por ser, a su juicio, superficial? Ahí tenemos a La Pataki, que pasó de "chica mona" a estar para mojar pan. Es posible que no le hiciera falta, pero mira... que le quiten lo bailado; tenía dinero, se hizo a sí misma y ahora es la fantasía sexual del país entero, y sin llegar a convertirse en un ser excesivamente neumático y artifical que rocé lo grotesco, como la (años atrás) mítica, Pamela Anderson.


Da rabia que precisamente de la gente que menos lo necesita, sea de quien más nos lleguen noticias sobre retoques. Es cierto que en algunos casos mejoran visiblemente la buena materia ya presente (Winona Rider,Tom Cruise, Angelina Jolie...), o aportan pequeños cambios satisfactorios aunque prescindibles (ahí tenemos a Salma Hayek que, con nariz nueva o sin ella, me sigue espantando con su cara constante de asco). El problema viene cuando el resultado es absolutamente desastroso, y es que "existen operaciones y operaciones", y hay quien no ha entendido que algunas de ellas NO SON UNA OPCIÓN NUNCA. Una rinoplastia (la operación que se han hecho todos los mencionados), o un abrochamiento de orejas como se hizo Brad Pitt, dificilmente pueden quedar mal, suelen aportar armonía a la cara, y a no ser que lo lleves hasta sus últimas consecuencias, seguramente "te mejorará". Asimismo, liposucciones sutiles o pequeños arreglos sin importancia, no pasan de curiosidades anecdóticas, pero los estiramientos y el colágeno en los labios, NUNCA son una opción. Quedan horribles, quitan expresividad, y pueden convertirte en un auténtico monstruo.
Entre las mayores barbaridades estéticas perpretadas al respecto, encontramos en el apartado de bocas fuera de lugar a la señora de Banderas: Morrazos Griffiths; ¿en qué estaba pensando cuando se largo ese desatascasumideros encima? Debido a mi edad, tengo más recuerdos de ella así que de forma normal, así que no me impacta demasiado, al menos no tanto como la desgracia tan horriblemene antiestética con la que se autocastigó Meg Ryan. Si algo tenía esa chica de especial, al no ser la rubia exhuberante de turno, eran sus labios "de pato", que le daban un toque diferente, pero los años no perdonan, y parece que para seguir en el candelero hay que pasar de unos labios finitos y elegantes, a una boca artificalmente voluminosa y fea.Pasando por alto a Esther Cañadas, cuyos asquerosos y pustulentos labios de pega son un tópico demasiado manido, como para seguir metiendo el dedo en la yaga, paso a la estrella de las operaciones para mantenerse joven: Los estiramientos faciales. Si bien es cierto que en dosis mínimas "dan el pego", y hasta hace poco creíamos que Nicole Kidman debía haber hecho un pacto con el diablo, para no tener ni una sola arruga a sus 40 años, llegó un momento en el que su piel no dio más de si, y a día de hoy da miedo ver esa cara de cera, tiesa e inexpresiva. Por seguir siendo la diosa de la belleza que es considerada, ha hecho mermar sus capacidades como actríz, ya que no tiene ni la mitad de expresividad que tenía antes, algo que se puede notar al comprobar como cada vez más, apoya parte de sus interpretaciones en los movimientos de cabeza, para así compensar la pérdida de movilidad facial.
Aún así, si dijeramos que es fea estaríamos faltando a la verdad, algo que sin embargo si se puede afirmar de Rose McGowan, antes conocida como "la fea de las Embrujadas", y más conocida ahora como "la que está en un permanente túnel de viento". Miren por favor con detenimiento el antes y después, para saber si soy el único que piensa que ahora es espantosa.
Los abortos por excelencia de la cirugía estética, son esos seres que se vuelven adictos al quirófano, y se destrozan hasta el punto de perder cualquier atisbo de humanidad en sus recauchutadas caras. Los principales embajadores de esta tendencia son los hermanos Jackson. ¿Qué coño significan esas caras? Por favor seamos serios, ¿Quién en su sano juicio podría desgraciarse de esta forma, y pensar que está mejor que en un principio?
Alguien dijo una vez que la gente operada es como los edificios restaurados; no parecen ni nuevos ni viejos, sino eso... restaurados. Efectivamente tenía razón.

Menos mal que, así como el fantasma de la calvicie hereditaria planea peligrosamente sobre mi cabeza (nunca mejor dicho), en mi familia no sólo somos longevos, sino que además envejecemos de puta madre.

martes, 7 de agosto de 2007

Colecciones

A lo largo de los últimos años, he ido deshaciéndome de todos los trastos inútiles amontonados en mi cuarto; he regalado, vendido, donado y almacenado juguetes, libros, y objetos de la infancia y adolescencia; y es que si por algo me he caracterizado siempre es por guardarlo todo. Mi cuarto ha pasado de ser el propio de un enfermo con síndrome de Diógenes, a una estancia más o menos austera a la que he impreso mi personalidad, algo de lo que me siento orgulloso, viendo las habitaciones tan tristemente frías que hay por ahí, que parecen más un sitio de paso que el hábitat personal de alguien. Así, me he permitido "el lujo" de crear y continuar pequeñas colecciones, no demasiado extensas, pero de gran valor para mi.

Tengo una modesta colección de botellas azul oscuro que planeo poner en mi futura casa de emancipado, coleccionaba minerales y tengo 7 vacas impuestas; me explico: un buen día alguien me regaló un peluche de una vaca, luego vino otro, una figurita, 2 imanes, y así a lo tonto me he hecho con una familia de gordas rumiantes. Otro animal que tiene protagonismo en mi cuarto son los perenquenes, que a mi juicio, son una maravilla de la creación; es más, una vez mi abuelo mató uno y me pareció un crimen casi peor que si hubiera descuartizado a mi hermana. Para muestra, un botón...

Vivo enamorado de la fotografía más famosa de National Geographic, y creo que he llegado a un punto, en el que puedo decir orgulloso que tengo casi todos los libros y revistas en los que aparece. Es una foto mágica con unos colores insuperables, de una belleza cautivadora, una composición excelente y que no deja indiferente a nadie, no sólo por lo guapísima que es la chica en cuestión y los ojazos que tiene, sino porque la imágen "te atrapa". De este modo, otro de los "básicos indiscutibles" en mi futura casa es un poster gigante de ella enmarcado en la entrada, aunque igual asusta a las visitas...
Continuo con la colección que más espacio me ocupa, y que con más empeño y dedicación procuro aumentar: mis imanes del mundo. A día de hoy tengo 58 de tres continentes, y al ser baratos y fáciles de encontrar, tengo asegurado al menos uno de cada amigo o familiar que se vaya de viaje (¡va en serio, tráiganem imanes, no sean rácanos!)

Por último, apuntar que al margen de los trolls, los tazos, los cochitos, o las canicas los boliches, mi colección más importante de la infancia son los muñequitos de plastico del tipo "tarta de cumpleaños", que cada navidad protagonizaban mi particular visión del nacimiento de Jesús, sustituyendo las aburridas figuritas que había elegido mi madre. Así, Blancanieves, Pumuky y Obélix, secundados por un cerdo y una leona, hacían las veces de Virgen María, niño Jesús, San José, el buey y la mula, dando lugar a una de las mayores herejías de la historia de la humanidad ¡Que Dios nos coja confesados!

sábado, 4 de agosto de 2007

Parentescos imposibles del cine y la tele

Recientemente, la actriz Mary Louise Parker se mostró indignada al saber que iba a interpretar en su próxima película a la madre de Brad Pitt, actor que paradójicamente tiene un año más que ella. Por rocambolesca que parezca está situación se da con cierta frecuencia en el cine y la televisión; así, en la película Con la muerte en los talones, Jessie Royce Landis también era un año menor que su hijo en la ficción, Cary Grant. En el caso de Angelina Jolie y Colin Farrell, madre e hijo en Alejandro Magno, también hay un sólo año de diferencia, y aunque sea esta vez la madre la mayor de los dos sigue siendo un sinsentido difícil de digerir. Más asimilables son los casos de Indina Jones y su padre (cuyos interpretes se llevan 12 años), o John Cazale y Marlon Brando en El Padrino (otra paternidad muy temprana, tan sólo 11 años de más). La única maternidad que puedo llegar a creerme al respecto y no sin ciertas dosis de recelo, es la de Sally Field como matriarca en la serie 5 hermanos, pero no porque sea más verosímil sino porque siempre ha hecho de mujer mayor, y aunque sepa que sus hijos ficticios superan en realidad la cuarentena teniendo ella 60, me he acostumbrado a pensar en esta actriz como "la eterna madre" del protagonista.

En el caso de padres demasiado jóvenes, estas incongruencias pueden pasar por alto con las dosis necesarias de maquillaje y caracterización, pero en el de los actores significativa y visiblemente mayores que los personajes a los que interpretan, no sólo pierden credibilidad sus actuaciones, sino que constituyen un insulto a la inteligencia de los espectadores.

La hipocresía con la que ruedan las series y películas estadounidenses hace que "nos creamos" a familias modélicas de padres jóvenes y guapos, que tienen hijos aún más guapos y que viven en las mejores casas de los mejores barrios residenciales. Para potenciar estas cualidades, los padres cuarentones son interpretados por treintañeros y sus hijos adolescentes por veinteañeros, véase sin ir más lejos a Tom Welling en Smallville. Como todos tenemos asumida la gran mentira que nos intentan vender, y sabemos que ni todo el mundo vive así de bien, ni todo el mundo tiene el cuerpo así de cuidado (pero ni de coña vamos, que allí lo raro es ser delgado), estas alarmantes discrepancias cronológicas nos las tragamos como una más de sus calumnias, pero cuando te la intentan colar en España te duele un poco más...

Los pioneros en este sentido fueron los "chicos" de Al salir de clase, esa serie de instituto en donde pasaba todo aquello que no pasaba en el el tuyo, desde encarcelamientos, palizas y asesinatos, a actuaciones de estrellas internacionales en el bar del centro. Resultaba desternillante ver a gente que rozaba (y pasaba) los 30, haciendo de adolescentes inconformistas que se refugiaban de sus problemas en sus perfectamente equipados y decorados pisos de lujo. Vamos, la realidad misma de la juventud española. Tengo que decir que durante un periodo (muy breve eso si) seguí la serie, y antes de desencantarme al comprobar lo horrible que era, me dio tiempo de guardar en mi retina dos momentos: ver a Raquel Meroño sonriendo y mostrando al mundo unas patas de gallo que no tiene nadie con 20 años, y sentir vergüenza ajena cada vez que aparecía Carmen Morales, que a día de hoy tiene 37 primaveras. ¡Ahí es ná!

Los jovencitos de Al salir de clase marcaron un antes y un después en las series de instituto, y aunque los creadores de nuevas series no volvieron a repetir las tramas enrevesadas y poco creibles que les caracterizaban, si repitieron la fórmula de poner a actores de veintimuchos años haciendo de adolescentes. Si bien es cierto que en Los Serrano han tenido la delicadeza de afeitar a Fran Perea y Alejo Sauras para que sean mas creíbles como jovencitos (y no siempre porque a veces salían con barba), en Compañeros se pasaron esas nimiedades por el forro y nos plantaron a Quimi, el adolescente rebelde con la barba más tupida que el mismísimo Papa Noél que ha de haber en todos los institutos. Ver para (NO) creer...

viernes, 3 de agosto de 2007

Preguntas tontas

¿Se han parado a pensar en la de preguntas tontas que hacemos cada dçia? Por lo general sabemos la respuesta así que no necesitamos hacerlas, y sin embargo las acabamos formulando por la necesidad de decir algo, o sencillamente porque no caemos en que están fuera de lugar. Las que se llevan la palma son las siguientes:

Imagina que estás con una tortícolis horrible y alguien que se da cuenta de que no puedes mover el cuello te pregunta si "te duele."En ese momento te dan ganas de responder que no, que lo que ocurre es que "te gusta ver el mundo desde otra perspectiva", pero como puedes quedar de malcriado te limitas a responder lo evidente. En cualquier caso podría deberse a que por lo que sea te gusta ir siempre con el cuello tieso, de modo que podría quedar justificada la duda, no así cuando te caes de culo de una forma aparatosa y vergonzante en medio de la calle, y al margen del golpe lo que más te duele es el orgullo. En esas ocasiones sólo hay una opción permitida: levantarse indiferente lo antes posible, sacudirse un poco, y con la poca decencia que te queda, seguir andando recto sin mirar atrás, porque estarán todos los transeúntes observándote en silencio mientras se ríen por dentro o se descojonan sin miramientos; da igual que te esté saliendo la rótula por encima de la piel, la máxima es "dignidad ante todo", que ya tendrás tiempo de maldecir cuando llegues a tu casa.
Si te quedas en el sitio más de dos segundos corres el riesgo de que algún morboso buen samaritano se acerque a preguntarte con cara de preocupado:¿te caíste?”
Una parte de ti quienes responder que no, que simplemente te gusta sentarte de la forma más espectacular posible, pero como el sarcasmo no siempre es entendido, y además quedarías de borde, le contestas lo que ambos saben (que si), y le das la gracias por preocuparse.

Recuerdo una vez en la que corriendo por la calle resbalé con algo pringoso en el suelo y caí de una forma increíble, al estilo del gag del plátano en unos dibujos animados. Cuando trataba de levantarme se acercaron dos viejas corriendo (¡cómo corrían las cabronas!), y no dejaron que contestara a la pregunta en cuestión, porque antes de que abriera la boca ya empezaron a elucubrar desenlaces de mi accidente:

-¡AY MI NIÑO! ¡YO ES QUE CREÍA QUE TE MATABAS!

-¡SI MUCHACHO! ¡YO YA TE VEÍA CON LOS SESOS EN LA ACERA, NO TE DIGO MÁS!

¿Qué hace uno ante esto ¿Da las gracias o se caga en el pesimismo de las señoras?

Lo peor es que después insistieron en acompañarme calle abajo (por si me habían quedado secuelas y la hemorragia interna pudiera hacer que me desplomase, me imagino), mientras me amenizaban el trayecto contándome todas las formas que se les pasaron por la cabeza en las que podría acabar, desde la rotura de huesos a la muerte pasando por al tetraplegia. Un encanto de mujeres...

Por último, obviando un clásico como es cortarse el pelo de una forma más que evidente y que te pregunten si “te lo cortaste”, no puedo dejar de mencionar ese gran momento que todos hemos vivido en el dentista, cuando con la boca ocupada por todos los utensilios posibles y sus dos manos, éste te pregunta “dónde te duele”... ¬¬