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lunes, 17 de noviembre de 2008

La Kely

El término “chacha” me parece clasista, despectivo y propio de otros tiempos. No me gusta. Sin embargo, uno siempre tiene miedo a la hora de hablar de la persona (generalmente mujer) que se encarga de la limpieza en una casa, empresa o entidad, porque las probabilidades de ser juzgado por el mero hecho de hacer referencia a su profesión, suelen ser bastante altas. De hecho, decir que alguien trabaja en tu casa como tal, implica en muchos casos ser considerado un pijo explotador, y hay pocas cosas que se puedan argumentar para evitarlo.

Las alternativas semánticas tampoco nos aseguran reacciones más halagüeñas; criada, sirvienta y servicio; todas suenan fatal, y en ocasiones, yo mismo no puedo evitar pensar que quien las usa está considerando significativamente inferior a la persona contratada en cuestión.
Además de términos jocosos o burlescos, como “fregona” o “La keli (la keli-mpia), la mejor opción resulta ser “asistenta”, y ni aún así es del todo bien recibida.

Por mi casa han pasado muchas mujeres de la limpieza, y salvo honrosas decepciones, han sido todas dignas de estudio. En mi más tierna infancia estuvo Begoña, una mujer tan profesional a la par que estimable como persona, que cuando le dijo a mi madre que dejaba el trabajo, ella se ofreció a subirle el sueldo lo que hiciera falta. No hubo forma de convencerla; ahora su marido ganaba lo suficiente, y aunque estaba muy a gusto trabajando con nosotros, no tenía necesidad de seguir haciéndolo. Yo era muy pequeño y no la recuerdo, pero mi madre sí, y cuantos más cáncamos han desfilado para llenar el hueco que dejó, más la añora.

Tras ella vino Ruth, a la cual yo veneraba; ella era Dios y yo su profeta en la tierra. Recuerdo el día que nos la presentó mi madre, y eso que ni se me habían caído los dientes de leche. Era una chica alta, con el pelo rizado, los ojos verdes, una cara agradable… y más bruta que un arado; poseía una fuerza descomunal, que sumada a una falta de delicadeza absoluta, desquiciaba a mi madre, y es que ver cómo rodaba con un solo brazo el sillón o la alacena con las copas (verídico), pone nervioso a cualquiera. Mi madre cuenta que con ella perdimos las papilas gustativas, porque tenía unas habilidades culinarias nulas, y durante mucho tiempo se encargó de hacernos la comida.

Al ser... digamos que de maneras toscas (vamos, una animal), rompió más de una cosa en casa, pero se le perdonaba porque no era zorra como otras, que si rompían algo se callaban y lo tiraban a la basura, o lo colocaban como si no hubiera pasado nada. Además se portaba muy bien con nosotros, los niños, especialmente conmigo, por quien desarrolló cierta predilección. Me hacía regalos por mi cumpleaños, me llevaba a todos lados y me compraba cosas…ahora que hago memoria, ¡me mimaba cosa mala! Además de cuidarme cuando estaba enfermo, recuerdo salir con los patines acompañado por ella, y hacer recados mientras nos dábamos palique. Era adorable.

A partir de ahí todo fue a peor. Recuerdo a Silvia, una mujer muy joven con un hijo, al que ponía de excusa para venir cuando le venía en gana; nos choteaba como quería, estando semanas enteras sin aparecer bajo la excusa de tener que llevar al niño a uno u otro lado. Un día a mi madre se le inflaron las narices (normal), y le dijo que hasta ahí habían llegado, y es que joder, si tanto te preocupas por tu niño, dedícate a ganarte el sueldo para poder mantenerlo, pero no nos tomes por imbéciles, que llegará un día en el que nadie quiera contratarte por caradura.

Haciendo un salto temporal de unos años, en los que vinieron una detrás de otra, que como mismo entraron se fueron por un motivo u otro, llegó Repugnancia.
Era una mezcla entre el prototipo de señora de la limpieza de toda la vida: cincuentona, bajita, rechoncha y amable, y el personaje homónimo de Cruz y Raya. Su mote (realmente se llamaba Amparo) venía de sus cuestionables costumbres higiénicas, entre las que sin duda destacaba el pavor que le tenía al desodorante. Por exagerado que pareza, me despertaba al olerla en cuanto entraba a casa, y eso que yo duermo al final del pasillo y con la puerta cerrada. Era realmente inhumano. Además, se ve que había estado trabajando con niños durante muchos años, porque nos trataba como tal, hablándonos a mi hermana y a mi como si nos faltara un chubasco (con 19 y 21 años en aquel entonces), y llegando incluso a venir a despertarnos con cosquillas ¡¡¿?!!.


Recuerdo como un auténtico infierno la dilata época que pasó en mi casa, no sólo por su inmutable hedor natural, sino porque no era más tonta porque no tenía más tamaño; era increíble. No poseía retentiva, y tan pronto como le dijeran que NO hiciera una cosa, procedía a hacerla cinco segundos después. Llegamos a pensar que se estaba riendo de nosotros, pero no, es que por mal que quede decirlo, "no daba para más":

-“Oye Amparo, te iba a decir antes de que me olvide, que por favor te acuerdes de que las plantas del despacho no se riegan, que esas llevan poco agua y yo me encargo de ellas. ¿ok?

-Ah vale, de acuerdo...

Un minuto después había llenado la regadera y las estaba ahogando, y así con todo:
Colocaba en perchas la ropa cutre de estar en casa y doblaba al trancazo la de salir a la calle, utilizaba perchas de falda o pantalón para colgar camisas, tendía las cosas tal cual salían de la lavadora, largándolas sobre el tendedero sin plantearse más dudas existenciales, y un largo etcétera de conductas que desquiciaban.

Sus descalabros, unidos al hecho de que le dijeramos mil veces que no fumara en casa y se lo pasara por el forro, hicieron que un buen día le diéramos pasaporte, devolvíendonos a todos el equilibrio interior, y el sentido del olfato.


La última que pasó por casa era también una joya: limpiaba con ahinco el salón y el despacho (las dos habitaciones menos utilizadas de la casa), pero se olvidaba de los baños y la cocina; se iba antes de lo que le correspondía, dejaba las cosas patas arribas o cambiadas de sitio, y ponía los zapatos encima de la cama cuando pasaba la aspiradora (cachoguarra); pero los dos comportamientos que sin duda se llevaban la palma, eran limpiar el vater con la escobilla y dejarla dentro…con la base (que alguien me lo explique), y fregar la radio del baño con agua y un estropajo enjabonado. Ver para creer.

¡Vuelve Ruth!

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Si cuando yo te dije una vez que eras un pijo...tenia razon...jajaja, lo que no sabia que tenias asistenta...jajjaja. En fin, a mi tia le pasaba lo mismo, tubo una que se llamaba Domi,y era muy muy buena, tanto en limpieza como en caracter, pero la pobre, fallecio. A mi tia nunca le ha gustado limpiar, si cojemos eso y lo juntamos con que mi prima es una soberana baga, perdon Patri que se que lo vas a leer, pues no le queda otra que contratar a alguien. Ahora la que esta se llama Silvia y le va bien, pero claro la casa de mi tia es de Pinipon, asi que dificil no resulta. Yo opino que con que te pongas un ratito cada dia, tienes la casa limpia pero oye, si uno se puede permitir que alguien le limpie la casa, que lo aproveche. Besitos guapooo


Mery

El Sombrerero Loco dijo...

Mira que tener asistenta... es que por favor... pijo explotador!!! la esclavitud se abolió!!! :D jajajajaja es broma es broma :D con ese ramillete de asistentas no acabaste visitando al psicoanalista? :D porque da para eso y más eh! yo ahora les llamo a todas "choches" :D y bueno, si te cuento las que rondan por mi hospital... jajajajaja

Sara López dijo...

Jajaja, me he reído un montón con tu post. Me encanta cómo escribes!!

No puedo extenderme en el comentario, pues el tiempo me lo impide. Sólo decirte que me alegro de pasarme por tu blog, y que me has hecho reír cuando estoy agobiadísima por exámenes y demás, así que... GRACIAS!

Saludos,
Sara.

Chocolatecontrocitos dijo...

Muy buen post, divertido... es verdad que decir que tienes "chacha" tiene peligro... y las chachas... ¡también! vaya vida has tenido, chiquillo... mucho ánimo...

Chocolatecontrocitos dijo...

Oyes, muy buenas las fotos del blog, las ovejitas están para comérselas...

Tu exorsister dijo...

Ves, ya te han llamado pijo!, entre eso y que vas contando que eres socio del náutico, estás perdido, adiós a tu status de rebelde contestatario... JAJAJA

Puedes decir en tu defensa que la persona que trabaja en casa, siempre se le trata con respeto, con café y galletas incluidas en el pack, y además está cobrando por su trabajo...asi que de esclavitud nada.

Respecto a los nombres... peor es lo de tu abuelo, que a todas les llama Filomena (o asi), independietemente de como se llamen...

peibol dijo...

A Mery:
¡Hala! ¡Ya están los tópicos infundados haciendo aparición! Si es que... XD

A el sombrero loco:
No fui, pero si Repugnancia llega a pasar más tiempo en casa, lo hubiera hecho sin duda.

A sara lópez:
¿Qué puedo decir salvo MUCHAS GRACIAS? Tú también me has alegrado la mañana con ese comentario tan agradecido. Besos ;)

A chocolate con trocitos:
Yo también aodoro a mis ovejas ;)

A mi exorsister:
Se me hace un poco raro contestarte por aquí, teniendo en cuenta que te veo todos los días. En cualquier caso se agradece que hayas puntualizado lo del respeto, que luego la gente piensa cosas equivocadas...


Saludos a todos

María dijo...

(Es la segunda vez que te escribo el comentario, porque se me borró... aghrrr)

Como bien dice tu hermana, mientras se les pague y se les trate bien como a cualquier empleado de una empresa... Yo, si mi economía me lo permitiera, no dudaría en pagarle a alguien para que me ayudara en la limpieza: es un verdadero coñazo.

¡¡En casa de mis padres también trabajó una "Begoña"!! ¿Sería la misma? Bueno, al fin y al cabo, hace unos años descubrimos que de pequeños íbamos al mismo pediatra, así que todo es posible.

Efectivamente, a pesar de todo son un mundo aparte. A mí me ha pasado algo parecido a lo tuyo, si bien mis hermanos y yo no teníamos tantísima relación con ellas porque solían venir sólo por la mañana (si acaso un par de días a la semana) y no hacían la comida ni se quedaban hasta tarde... uno les coge cariño. En casa de mis padres ya hace años que viene Juana los viernes, y todavía no me acostumbro a no oír en mi piso sus melodiosos gritos cuando llegaba por la mañana y me despertaba. Y es que a todo se acostumbra uno.

Besos nené

PD: tenía una entrada sobre la señora de la limpieza del laboratorio, pero esperaré un tiempo para no quitarte protagonismo ;)

Sara dijo...

Jajajajajaja, dios, lo de la escobilla en el vater con el soporte me he dejado MUERTA!! En serio hacia eso?? Joder, no les hacias pasar un test de minimas aptitudes mentales? En vista de lo que escribes, veo que no.....
Yo siempre te he dicho lo de pijooo pa joderte, tu lo sabes xDD sobre todo cuando voy a tu casa y veo q tienes cuarto para la "chacha" (me gusta ver tu cara de, joder sara!) pero en fin.... he tendo q soportar todos tus cabreos varios con repu (Repugnancia!!!!) y la verdad es q en cierta medida me "regocijo" de no tener asistenta (mi padre probablemente no piense igual xDD)xq eso d levantarte con los pelos engrifaos, el chandal todo horrible y al aliento apestando y q de repente aparezca una ñora con cara d cumpleaños no puede ser muy agradable... y menos si encima la muy CERDA! pone los zapatos d la calle sobre tu almohada.....Ay!!!

El Zorrocloco dijo...

Hace poco a mi madre se le ocurrió la brillante idea de contratar a una chica para limpiar, pero es que no veo natural que haya una desconocida en mi casa tocando mis cosas. A veces no me gusta que esté ni mi madre, imagínate la Keli XD Duró dos telediarios, la mujer.

¡Dios, la vieja de la peste que asssco! ¿Cómo no le decíais nada?

P.D.- ¿Pijus Maximus? :P

peibol dijo...

A María:
No me extrañaría lo de "Begoña"; si tu madre la adoraba seguramente sería ella ;)

Anda que... en casa de tus padres los gritos de Juana, y en tu piso los de los vecinos...¡Estás condenada!

A Sara:
Si... es cierto. Yo aún no lo asimilo; lo peor es que muchas veces bajaba la tapa, quedándose super elevada, como si estuviera levitando, que uno llegaba a preguntarse si no estaría saliendo un cocodrilo por ahí.

Lo del cuarto de "la chacha" no es culpa nuestra... la casa es antigua y está hecha así; también tiene puerta de servicio, como sabes, pero por supuesto no somos tan imbéciles como para hacer que pase por ahí.

En cuanto a lo de las pintas... mira, a todo se acostumbra uno, los pimeros días te recatas, luego ya piensas...¡Joder! ¡Que estoy en mi casa y quiero ir en pijama! XD

A el zorrocloco:
A mí no me hace demasiada gracia que escarben entre mis cosas, pero me hace menos gracia limpiarlas yo XD. Lo que suelo hacer es dejarlo todo preparado, y "esconder" lo que no quiero que ande sobando.

En cuanto a lo de la cerda...¿Cómo se le dice a alguien sin muchas luces, que no se guarra y se duche, porque APESTA? :o

Saludos a todos

AmoaGuilleMostaza dijo...

Es que el mundo de la limpieza es un mundo a parte,sobre todo la gente que se dedica a ello...En el labo había un técnico que se encargaba sólo de la limpieza de material y cuando usábamos la vaselina ahí quedaba.No la limpiaba ni aunque le fuera la vida en ello.Un enjuague que se dice y al estante.Era una guarrada coger un matraz al día siguiente.en fin.....

peibol dijo...

A AmoaGuilleMostaza:
Es que ahí se da la gran paradoja: Hay personas que se dedican a la limpieza, que saben mucho más de productos y procedimientos que yo, y sin embargo son unas asquerosas. :s