Translate

miércoles, 9 de febrero de 2011

Discriminación positiva

Voy a hablar sobre demagogia e injusticias socialmente bien vistas, relacionadas con los privilegios absurdos hacia “grupos desfavorecidos”. Invito a los exaltados a que abandonen esta entrada antes de freírme a críticas, o en su defecto a leer bien mis argumentos sin sacar las antorchas. Gracias

Antes de empezar en los nuevos estudios, estuve batallando hasta el úlltimo momento para poder matricularme. La razón es que se trata de algo muy demandado en relación a las escasas plazas que ofertan, y estaba en uno de los primeros puestos de la lista de reserva. Se accedía a partir de la nota media de bachillerato, de modo que el primero en acceder sería el que más nota tuviera, y la lista iría completándose hasta cubrir el cupo.
Cuando fui a comprobar quiénes eran los admitidos y vi que me había quedado a las puertas, mucha gente me tranquilizó diciendo que no me preocupara, que estando tan cerca acabaría entrando porque las listas siempre corren entre preinscripción y matrícula. El problema es que la última en entrar, por delante de mí, tenía mucha menos nota que yo, y eso no lo iba a tolerar.

Fui a hablar con el secretario a ver qué pasaba, si había sido un error o por alguna razón tenía un trato preferencial, y entonces supe que se trataba de la plaza que reservan para personas con una minusvalía de cualquier tipo. Y yo me pregunto: ¿Por qué si alguien tiene menos calificación que yo y pretende moverse en el mismo nivel, debe jugar con ventaja? ¿No importa que yo tenga un mejor expediente porque ella va con muletas? No lo entiendo.

En el mundo laboral las cosas son de otro modo: Dado que resulta mucho más cómodo contratar a gente “sin problemas”, de cara a no tener que estar adaptando puestos de trabajo a los discapacitados de cualquier tipo, existen medidas fiscales para incentivar a los empresarios a contratarles, concretamente suculentas subvenciones que les hacen perder los temores iniciales.
Asimismo, se persiguen las medidas discriminatorias como despedir a las mujeres que se queden embarazadas, o se obliga a la no existencia de barreras arquitectónicas. Me parece estupendo y lo considero ético y totalmente necesario. Es sensacional. Pero eso es el mundo laboral; los privilegios en el mundo académico no tienen ningún sentido, porque implican menospreciar a quienes sí se los merecen.

Si vas a empezar unos estudios superiores, nadie se para a mirar si te falta un brazo o eres cojo. Si tienes la nota necesaria para entrar, entras, y si no, no lo haces. Tan lógico como eso. O así debería ser. Una cosa es que el centro cuente con las medidas necesarias para atender las necesidades especiales de ciertos alumnos (que debe hacerlo), y otra es que estos hayan de esforzarse menos para conseguir lo mismo que yo. Llamadme mala persona, pero es que no me parece justo. En mi facultad había un chico en silla de ruedas que era buen estudiante; iba más avanzado que yo, y sé que es porque sacaba mejores notas. Es lógico y nadie le quita el mérito. ¿Debería dársele un trato especial y ser más condescendientes con él? ¿Habría que exigirle menos de cara a conseguir el título? ¡Por supuesto que no! Si tiene la misma capacidad para estudiar que todo el mundo, el hecho de no poder mover las piernas es completamente secundario. ¿O no?

No se puede abogar por una sociedad en la que se derriben todas las trabas hacia los discapacitados, si luego ponemos otras para favorecerles perjudicándonos a los demás. No es falta de consideración, sino que la justicia debe funcionar igual en ambas direcciones.
En resumidas cuentas y volviendo a mi caso particular, si tienes más nota que yo y por eso no me admiten, me jodo y apechugo; si es al revés te jodes tú. Punto.

PD. Escribí esta entrada antes de empezar las clases, y ahora esa persona es amiga mía. Nos llevamos genial y bajamos juntos todos los días, pero sigo sin compartir la idea de que por cojear ligeramente de una pierna (pues es eso lo que tiene), estuviera por encima de otras personas con más nota. Lo que no puede ser, no puede ser.

sábado, 5 de febrero de 2011

El Teide

El Teide es un volcán situado en el centro de la isla de Tenerife. Con una altura de 3.718 metros sobre el nivel del mar y más de 7.000 metros sobre el lecho oceánico, es el pico más alto de España, el de cualquier tierra emergida del Océano Atlántico y el tercer mayor volcán de La Tierra desde su base. Forma parte del Parque Nacional del Teide, declarado también Patrimonio de la Humanidad.
Es además un espacio natural protegido en la categoría de Monumento Natural, y supone un gran atractivo turístico que cada año atrae a millones de personas de diferentes lugares del mundo, de hecho el Parque Nacional del Teide es el Parque Nacional más visitado de España y Europa, y el segundo parque nacional más visitado del mundo. Y por si todo eso fuera poco, es la excusa perfecta para sacarme una entrada de la manga en estos tiempos de exámenes (5 la semana que viene), aprovechando que el otro día fue festivo y subí de excursión a ver la nieve. ¡Wiiiiii!

Volveré cuando sea un poco más libre. Snif...



Precioso. ¿O no?

domingo, 30 de enero de 2011

¡Búscate tu propia película!

Hace mucho descubrí en Youtube unos trailers que me encantaron, pero en aquel entonces no tenía blog, y ahora que los he vuelto a encontrar no quiero dejar pasar la oportunidad de postearlos.

En los últimos años el nivel de las películas de Disney había bajado de forma atroz, pasando en menos de una década de obras maestras como Aladdín, La bella y la bestia (clicar aquí para leer mi reflexión sobre la peli) o El rey León, a truños como Atlantis, y otras tantas que ya nadie recuerda. Fue entones cuando lanzaron una campaña para promocionar su nuevo largometraje, Lilo & Stitch, en la que querían dejar claro que volvían a los orígenes, algo que se podía notar observando el trazo de los dibujos. La compañía había dejado de caracterizarse por los trazos redondeados y agradables (mensajes ocultos), para ir volviendo a sus dibujos cada vez más picudos y llenos de aristas; parecía que la evolución involución les estaba acercando cada vez más a la estética anime.

Para demostrar que Stitch era "uno más de la familia", produjeron una serie de trailers en los que se colaba en algunas de las películas más emblemáticas de la compañía. Esto va para todos los que se enamoraron de él, y para quienes hemos crecido en la epoca dorada de Disney...





miércoles, 26 de enero de 2011

Fauna de instituto: El prepotente

Como he dicho en más de una ocasión, el malrollismo gratuito y burlón me toca los cojones hasta dejármelos escocidos. No entiendo el supuesto encanto de ir de comemierda por la vida, y que encima haya descerebrados que les rían las gracias a estos gilipollas. Cuando entré en el instituto me topé con uno de estos elementos, y casi desde el primer día me gané su enemistad. ¿Saben eso que dicen los padres de que “es una tontería pensar que un profesor te tiene manía”? Pues en este caso no lo era: este tío me la tenía jurada.

Mi profesor de filosofía entraba crecido en clase, con unos andares más propios de un chulito de discoteca que de un hombre maduro; hablaba con una prepotencia y un desprecio que parecían meticulosamente estudiados, como si estuviera parodiando a un engreído. Hablaba con el ceño fruncido, voz impostada y desgana, como si le aburriera soltar la parrafada, pero a la vez riéndose… de nosotros. Era insufrible.

Utilizaba esa táctica de faltar al respeto a su audiencia de forma cómica, la misma que usan humoristas o monologuistas como Ignatius; la diferencia es que nosotros no éramos público dispuesto a aguantar vejaciones, sino alumnos, y por tanto sus tonterías sobraban. Paraba cada dos por tres para hacer el chistecito estúpido de que no atendíamos, que así no íbamos a llegar a nada, y que no sabía qué pretendíamos en la vida. Todos los días lo mismo. El resultado era el descojone general de toda la clase, que lo encontraba de lo más divertido. ¿Toda la clase? ¡No! Había un chico en que se quedaba mirando con incredulidad cómo los demás se partían la caja con la subnormalada de siempre, mientras le dedicaba una pronunciada subida de ceja al profesor.
Sé que no era lo más inteligente, pero es que era superior a mí; cuando me tocan las narices se me arquea la ceja sin que pueda hacer nada, y en casos extremos, la ceja me llega casi hasta la línea del pelo. El mierdaseca este se dió cuenta, y al no formar parte de los hipócritas y masocas que le reían los insultos, firmé mi sentencia de muerte.

El curso se estructuraba en 6 exámenes, uno por cada autor que iba a entrar en la PAU, y como eran excluyentes, se suponía que cuando aprobabas alguno no tenías por qué volver a preocuparte por él. Saqué un 9 y medio en el primer examen, y antes de que pudiera celebrar mi victoria, me dijo con una sonrisa:

- “Sí Pablo, tienes buena nota, pero no te confíes ¿eh?, que de aquí a junio pueden pasar muchas cosas."

A nadie más le dijo nada.

Fueron pasando los exámenes, y mis notas, que seguían siendo buenas, empezaron a bajar ligeramente; nada demasiado descarado, pero si lo suficiente como para alejarse cada vez más del sobresaliente. Lo curioso es que mis exámenes seguían siendo muy buenos, pero él buscaba la forma de que no lo pareciera. Había una pregunta que caía siempre, consistente en definir, palabra por palabra, algunos de los términos que nos había mandado a estudiar para cada ocasión. Valía dos puntos, y aún teniéndolo perfecto hasta la última coma, me ponía la nota que le daba la gana. Si en esa parte, que era la más objetiva, hacía lo que le salía del escroto, pueden hacerse una idea de cómo me evaluaba la parte redactada.

Cuando me acercaba con el examen de otra persona en la mano, para pedirle que me explicara por qué coño Fulanita tenía más nota que yo, habiendo puesto los dos exactamente lo mismo, convocaba a sus seguidores con un comentario burlón en voz alta:

- ¡Ya está Pablo otra vez quejándose, ¿eh? Si es que no se cansa nunca. jejejeje!

Gilipollas

Me daba largas diciéndome “que me centrara en mi examen y afrontara mi nota, y que no intentara bajar la de los demás”, hasta que ya por último me dijo, no sé si por descuido o porque era más cabrón de lo que imaginaba, que él pensaba la nota que quería poner antes de corregir, y que en función de eso iba adecuando la puntuación de cada prueba. Con dos cojones.

Teniendo en cuenta que ya el año anterior me había enfrentado también al profesorado (otro día contaré esa historia), y que además parecía ser el único que no encontrara divertido a este hijo de puta, no conseguí nada comentándoselo a otra gente del centro, y tampoco quería echar más leña al fuego. Además, únicamente había otro profesor de filosofía en el instituto que pudiera ponerse de mi parte en caso de disputa, y no sólo era peor que este, sino que ambos eran super colegas. Sólo me quedaba rezar para que a final de curso no hiciera la canallada de suspenderme y dejarme para Septiembre. ¿A que no sabéis quién “sacó” un 4,8 en su último examen?
Lo curioso es que, según sus palabras, cada autor era excluyente, pero por algún motivo cambió la política en junio, y luego sostuvo que siempre había sido evaluación continua.

Para cuando supe la nota no había opción de reclamaciones o quejas; al día siguiente de dármela tenía la recuperación de toda la asignatura, y al margen de que me dieran la razón (que no), si no lo hacía no tendría derecho a reclamar. Esa tarde además, tenía la recuperación global de matemáticas, de la que salí con la cabeza como un bombo. Tenía media tarde para aprenderme toda una asignatura que había ido aprobando con nota durante el curso, y era absolutamente imposible que me diera tiempo. Obviamente me copié hasta a la hora de poner mi nombre, porque no me daba tiempo de estudiar, y porque no me daba la gana hacerlo. En ese examen me fui "de chuletada" como hasta entonces no se había visto nunca, y cuando supe la nota (aprobado) me dijo con una sonrisa victoriosa:

-
“¿Ves como no era pa tanto? Si te hubieras esforzado en su momento…”


HIJO DE LA GRAN PUTA

A pesar de ser ateo me gusta creer en la justicia divina, y quiero imaginar que el día menos pensado se caerá por las escaleras y se quedará vegetal, sufriendo el desprecio de su familia, que le dejara morir solo de forma lenta y dolora. Y se lo merecerá. Por miserable, infantil, ególatra y comemierda.

viernes, 21 de enero de 2011

¿Autoestima alta o baja?

En la última semana me han pasado dos cosas antagónicas, que podrían dejarme con la autoestima alta o baja, en función de con cuál me quede:

El primer episodio fue el reencuentro con un viejo amigo del instituto. Cuando estábamos en bachillerato nos llevábamos bien, y al coincidir luego en el mismo campus, mantuvimos un contacto relativamente regular. Después la vida nos llevó a cada uno por distintos lados… bueno, la vida y el hecho de que él fuera un fantasma; resultaba cansino saber que de cada 5 cosas que te contaba, 3 eran mentira y las otras dos estaban exageradas. Es una pena, porque salvo ese “detalle” era muy buen niño.

El caso es que en el instituto era uno de los chicos que provocaba mojamientos de bragas. Y él lo sabía. No era especialmente alto ni fuerte, pero tenía una cara que llamaba la atención. Cuatro años después de la última vez que nos vimos, ha engordado y está prácticamente calvo. No es que me alegre de su decadencia, pero teniendo en cuenta que en aquel entonces yo era un gremblin, no pude evitar pensar: ¡Joder, qué bien he evolucionado y qué guapo soy!

Unos días después fui a casa del Zorro y me marché a las tantas. Obviamente ya no había guaguas, ni tranvías ni nada, así que me resigné a la idea de coger un taxi. Había uno aparcado ahí mismo, con acompañante pero sin conductor. El taxista se había bajado corriendo y había entrado en un bar, que sobre la marcha había bajado la puerta metálica. Supuse que habría ido a por cambio, porque si no ya me dirán qué pintaba alguien esperando en el coche.
Los minutos pasaban y el tío no salía, así que quise asegurarme de que no estaba esperando en vano, y me dirigí al taxi para preguntarle a la pasajera si lo iba a dejar libre. Se trataba de una mujer de ambigua reputación, con melena rubia oxigenada, escotazo y uñas rojo pasión. Creo que eso debería haberme dado pistas antes de preguntar nada.

Me acerqué e hice un gesto para llamar su atención. No me vió. Le toqué la ventanilla con una amplia sonrisa que reflejara que no era un chungo marginal, sino un buen ciudadano inofensivo. Miró y se hizo la loca. Le volví a tocar y le hablé, y ella me indicó que no me oía. Le hice un signo cordial , en plan: “hey, si no bajas un poco la ventanilla esto no funciona , retrasada”. Me miró de arriba a abajo y pasó de mí como de la mierda. ¿Se creería que le iba a vender clínex, o es que le daba miedo?

En esas salió el taxista del bar y le pregunté a él directamente:

- Hola… Quería saber si el taxi está libre o va a quedarse libre; como hay una mujer dentro…
- Eh… ah sí sí, ven conmig…nosotros, ella es una…es la, mi mujer. Sí, es mi mujer. (Los cojones)

Aquello me resultaba raro, pero no estaba en condiciones de negociar; eran las tantas de la mañana y no tenía otra forma de llegar a mi casa. Subí y la saludé como si nada, y ella se hizo la sueca estupendamente.

- Antes quería preguntarte si el taxi estaba libre, pero creo que no me entendiste. (mano izquierda, y eso...)
- Ah…eh… jeje. Lo siento, creía que… no sé. Es que a estas horas…
-
Ya, bueno. Igual intimida un poco que se acerquen a hablar contigo en un coche de noche. Jejeje
-
Sí… perdona por lo de antes.
- Naa, no pasa nada
(perra)
- Taxista: Ella es mi mujer, que veníamos de… bueno, y que nos vamos ahora a casa en Santa Cruz. ¿Verdad cariño?
- Ajá...
- Ya…
¬¬ Oye, aquí hay unas gafas con de sol en el suelo.
- ¡Ay sí! Son mías, que debieron caérseme antes. Gracias.

Llegué a mi casa y subí en el ascensor pensando lo siguiente: ¿Cómo puede uno sentirse bien por estar más guapo que uno de los sex symbols del instituto, y que eso no quede anulado al ser rechazado por una prostituta? No es que estuviera interesado, seamos serios, pero teniendo en cuenta que su trabajo consiste en irse con cualquiera que les pague, ese desprecio toca la moral.
Quizás fue por el contexto o porque estaba ya con un cliente, pero da para pensar. ¿No?



*Esta entrada va dedicada a Loco, que a diferencia de mí, se vende estupendamente a sus lectores. ¡Dime algo bonito, Pecosa!