
- ¿De dónde es? ¡Tiene una cara de extrarradio que no puede con ella!
Mi reacción natural fue reírme, porque suponía que era otro de sus disparates, pero al ver que no bromeaba, le confirmé que era de una barriada alejada y conflictiva. Me llamó la atención su poder de inferencia, aún cuando en la foto no había ningún signo que pudiera darle pistas, y entonces me lo explicó:
- ¿Tú no te has fijado nunca en los perros satos? De la mala vida que llevan y las veces que los han cruzado con todos los chuchos, acaban con los dientes de abajo hacia fuera. A eso se le llama un perro sato.
- Ya… ¿y eso qué tiene que ver con esto? – le pregunté extrañado.
- Pues que con la gente de extrarradio pasa igual; viven apartados, relacionándose sólo con los suyos, y como están aislados y tampoco es que vayan a ir a buscar pareja a un museo o una biblioteca, acaban reproduciéndose entre ellos, y claro, al final tienen todos los mismos rasgos; todos iguales, todos satos.
- Jajajajaja ¡pero mira qué dices tonterías!
- ¡Que es verdad! Fíjate en ellos; las caras están como embrutecidas, los rasgos son más bruscos. No encontrarás una Nicole Kidman o un Jude Law en el extrarradio, porque los genes
dominantes no dejarían que llegara a nacer.
(Igual era su retórica, pero todo aquello me resultaba cada vez más lógico)
- Párate un momento a pensar en la gente de tu instituto -continuó- ; los que eran quinquis a matar y los que no, y dime cuántos de ellos cumplían la teoría.
- Oye, pues ahora que lo dices… anda coño… ¡Es cierto!
- ¿Lo ves? Es que ustedes se creen que yo no digo más que burradas, pero tienen su fundamento, y ese chico tiene cara de extrarradio. ¡Y punto!
Fui incapaz de rebatirle una verdad tan aplastante.
Mi reacción natural fue reírme, porque suponía que era otro de sus disparates, pero al ver que no bromeaba, le confirmé que era de una barriada alejada y conflictiva. Me llamó la atención su poder de inferencia, aún cuando en la foto no había ningún signo que pudiera darle pistas, y entonces me lo explicó:
- ¿Tú no te has fijado nunca en los perros satos? De la mala vida que llevan y las veces que los han cruzado con todos los chuchos, acaban con los dientes de abajo hacia fuera. A eso se le llama un perro sato.
- Ya… ¿y eso qué tiene que ver con esto? – le pregunté extrañado.
- Pues que con la gente de extrarradio pasa igual; viven apartados, relacionándose sólo con los suyos, y como están aislados y tampoco es que vayan a ir a buscar pareja a un museo o una biblioteca, acaban reproduciéndose entre ellos, y claro, al final tienen todos los mismos rasgos; todos iguales, todos satos.
- Jajajajaja ¡pero mira qué dices tonterías!
- ¡Que es verdad! Fíjate en ellos; las caras están como embrutecidas, los rasgos son más bruscos. No encontrarás una Nicole Kidman o un Jude Law en el extrarradio, porque los genes

(Igual era su retórica, pero todo aquello me resultaba cada vez más lógico)
- Párate un momento a pensar en la gente de tu instituto -continuó- ; los que eran quinquis a matar y los que no, y dime cuántos de ellos cumplían la teoría.
- Oye, pues ahora que lo dices… anda coño… ¡Es cierto!
- ¿Lo ves? Es que ustedes se creen que yo no digo más que burradas, pero tienen su fundamento, y ese chico tiene cara de extrarradio. ¡Y punto!
Fui incapaz de rebatirle una verdad tan aplastante.