Cuando supe que este año volvería a tener de profesora a “Z.”, me eché las manos a la cabeza. Imparte una asignatura cuyo nombre resulta de lo más atractivo, pero que acaba sorprendiendo para mal y amargando a quienes deciden cursarla. El problema viene tanto del denso contenido como de la profesora, que utiliza las clases para sentar cátedra de sus ideales, y tratar de adoctrinarnos en los mismos.Es una de las materias que tengo atravesadas desde hace tiempo, a cuya presentación he ido en varias ocasiones, y siempre, invariablemente, suelta una declaración de principios el primer día; antes incluso de que los alumnos se hayan quedado con su nombre:
- “Soy católica y de derechas”
Como es normal las caras de desconcierto no se hacen esperar; no tanto porque la mayoría de los allí presentes tiren más hacia el otro extremo, sino porque es algo completamente fuera de lugar. Ella reacciona a nuestro silencio, añadiendo que lo avisa para que no la llamen facha, porque ante según qué declaraciones suelen saltar chispas en el aula. Nunca he permanecido lo suficiente en sus clases como para saber hasta qué punto puede desbarrar, pero cuando el río suena es que agua lleva, y si alguien necesita decir eso de entrada, como si estuviera excusándose, por algo será. Por una parte parece querer mostrar que se siente orgullosa de sus ideales, pero por otra es como si pidiera perdón por tenerlos; un poco en la línea de muchos derechosos.
Me parece genial que piense lo que quiera pensar, pero no que convierta sus clases en un mítin para captar adeptos. Suele empezar muchas frases con un: “Yo como soy de derechas, pienso que….”, y cuando anima a los alumnos a opinar sobre algo, y estos lo hacen contradiciendo su
opinión, acaba incurriendo en el avasallamiento público. Cuando ve que ninguno le sigue el juego y siguen posicionándose en contra de lo que predica, se encarga de que nadie más haga aportaciones, zanjando las intervenciones con contestaciones tajantes o cambios de tema. Además, todo esto se complementa con pequeñas reprimendas hacia el gobierno, soltadas en los momentos más incomprensibles e inconexos.Si ya en los primeros días me quedé ojiplático con sus declaraciones, la cosa fue empeorando conforme cogió confianza y se fue soltando. Además de lo expuesto se declara monárquica (nunca entenderé qué lleva a nadie a sentir admiración por los borbones), y consumidora habitual de telebasura, que es lo menos “malo”, pero ya puestos tampoco va conmigo. Suyas son frases como:
- “Yo es que soy muy fanS de Letizia; me encanta la Leti”
- “Les animo a ver "Gran Hermano". (…) ¿Están al tanto de lo de La Esteban y la Campanario? Yo es que veo mucho la tele…”
Pero sin duda, la que más muertos nos dejó a todos, y sobre la que luego intentó recular torpemente, fue la siguiente:
-“Una prostituta tiene una función en la sociedad; están para que los hombres se puedan acostar con otras mujeres mientras las suyas están embarazadas o recién dadas a luz, y así no tengan que hacerlo con ellas”.
Cágate lorito.
Estoy seguro de que en cuanto pasen los meses, se descubirá como una persona altamente prejuiciosa, aunque no tengo claro hasta qué punto. En su página web hay cosas que pueden dar pistas, como su rechazo radical a la eutanasia y la educación para la ciudadanía, o los enlaces a la campaña antiabortista de la conferencia episcopal, y a "El foro de la familia", ese lugar de encuentro para intolerantes retrógrados que rozan el retraso mental. Creo que mañana me santiguaré y le haré el saludo fascista al entrar por clase; todo sea por aumentar mis posibilidades de aprobado.
Cágate lorito.Estoy seguro de que en cuanto pasen los meses, se descubirá como una persona altamente prejuiciosa, aunque no tengo claro hasta qué punto. En su página web hay cosas que pueden dar pistas, como su rechazo radical a la eutanasia y la educación para la ciudadanía, o los enlaces a la campaña antiabortista de la conferencia episcopal, y a "El foro de la familia", ese lugar de encuentro para intolerantes retrógrados que rozan el retraso mental. Creo que mañana me santiguaré y le haré el saludo fascista al entrar por clase; todo sea por aumentar mis posibilidades de aprobado.






