
Me resulta increíble pensar que quedan menos de dos semanas para que me vaya a Nueva York. Aunque ya hemos iniciando algunos trámites, aún quedan cosas por hacer, desde vacíar la tarjeta de la cámara o hacer compras de última hora, a decidir qué ropa llevar; todo son minucias si lo comparamos con algo más importante, y que sin embargo hemos ido dejando pasar: El pasaporte. Con eso de que ahora te lo dan sobre la marcha, nos hemos relajado todos en casa, y seguro que alguno de nosotros lo acaba haciendo el último día. Yo no he ido porque necesito fotos de carnet, y es que aunque tengo un par de ellas actuales, no puedo arriesgarme a poner esas. Les explico:
Hace tres años, también en semana santa, hice un viaje de dos semanas y pico por Europa; fue un amago de interraíl, salvo por el hecho de que apenas cogimos trenes, y nos movimos sobre todo por
San Ryanair, patrón de los viajantes pobres. El caso es que estuvimos en cinco países, y en TODOS los aeropuertos me paraban a mí; sólo a mí. Viajábamos mi hermana, un amigo suyo y yo; ella, con su cara de
gringa, su pelo castaño y su piel de
novia cadáver, no tuvo ningún problema, pero nosotros dos éramos otro negociado. Ambos tenemos el pelo negro y los labios
sensuales grandes, pero yo era considerablemente más moreno que ellos dos, y si al amigo de mi hermana lo miraron con
recelo en alguna ocasión, a mí me cachearon siempre, y de una forma tan exhaustiva, que estuve por hacerme una prueba de embarazo. Llegó un punto en el que directamente esperaba mi turno con la mochila abierta, delante de quien fuera a registrar mi equipaje y magrearme, y es que lo que en según qué sitios es un canario estándar o un moreno exótico, en Europa es un hispano sospechoso, e imagino que en Estados Unidos, pasaré directamente a la categoría de
latino de mierda. A mi tía también le pasa cada vez que viaja, que es a menudo; ella es muy morena y su marido blanco y canoso. ¿Resultado? La sospechosa de llevar drogas es ella, sin duda. Da igual su condición de casados, o en mi caso, el parecido físico con mi hermana. Te pueden joder igual. ¿Cuándo aprenderán en los aeropuertos, que los contrabandistas deben saber de sus prejuicios, y que de cara a hacer el trabajo sucio, seguramente escogerán a nórdicos?
La gente que ha ido a Estados Unidos, me ha estado metiendo miedo sobre cómo son allí los
controles, y lo peor es que algunos de los testimonios que tengo, son de la era anterior al
11 de Septiembre; no quiero ni imaginar cómo será ahora la cosa, que todavía dura la paranoia terrorista en los aeropuertos. Según tengo entendido, nada más llegar te interrogan de forma seca y agresiva, casi haciéndote sentir un delincuente. Las preguntas pueden ir de lo más absurdo a lo más personal, y sé de gente que poco menos que les ha tenido que dar la llave del hotel: que si de dónde vienen, que por qué, que dónde se van a quedar, cuánto tiempo, cuánto dinero llevan encima… ¡Joder, dos preguntas más y seguro que alguno confiesa un crimen!
Para colmo, antes de salir de aquí, te hacen firmar un papel, mediante el cual renuncias a tus derechos de réplica; en otras palabras, que si no les gustas, por lo que sea, te pueden mandar a casa en el primer avión sin que puedas quejarte. Bueno… quejarte puedes, pero no va a servir de nada, y hasta es posible que empeores las cosas. Sabiendo que hace relativamente poco

detuvieron a un turista español, por llevar una camiseta de
Mazinger Z con pistolas (lo cual es paradójico, tratándose del país de las armas), o que dos amigos de mi madre fueron, y a uno le dejaron pasar, pero al otro lo deportaron sobre la marcha, no puedo evitar ir un tanto acojonado, porque tengo una cara de moro que no me la quita nadie.
Esta tarde iré a hacerme fotos de carnet decentes; me afeitaré, me pondré gomina, una camisa de color alegre, y luciré la más amplia de mis sonrisas, porque con la foto de terrorista que tengo ahora, no me dejarían ni subir al avión. Casi hasta he pensando en quitarme la perilla, con lo que me ha costado tenerla. Todo sea por aumentar mis posibilidades...