
refrán que dice: “Eres más inútil que un caroso cagado por las dos puntas”. ¡Toma ya!
refrán que dice: “Eres más inútil que un caroso cagado por las dos puntas”. ¡Toma ya!
Cualquiera que me conozca sabe que, aunque resulte contradictorio decirlo teniendo un blog, nunca he sido muy amigo de las redes sociales. Todo depende, claro está, del uso que le de cada uno a las mismas, pero cuando me vi obligado a hacerme un Facebook para cosas de clase, y me di cuenta de lo que se cocía ahí dentro, pensé: ¿realmente soy parte de esto? Cadenas estúpidas, gente poniendo todos los detalles de su vida íntima de forma pública, o al contrario, compartiendo información “relevante” minuto a minuto, como sus ganas de mear o que se encuentran preparando la cena. A eso hay que añadir fotos totalmente inadecuadas al estar al alcance de cientos de personas, y sentir vergüenza ajena al ver cómo tropecientas personas comentan en una foto lo guapos que están. No me atrae nada.Sin embargo, leyendo tweets que me enseñan o se publican en diversas páginas, empiezo a verle cada vez más el encanto a la red del pajarito azul. Hablando desde el desconocimiento, me parece mucho más interesante contar sólo con 140 caracteres para compartir algo, sea una trivialidad, un pensamiento lanzado al aire, o el apoyo o rechazo a cualquier cosa que suceda en el mundo. Puede que esto también se de en Facebook, pero aderezado con mil gilipolleces que no le interesan a nadie.
De todas formas, y siendo siceros, lo que de verdad me tiene conquistado de Twitter es el perfil de Espeonza Aguirre, una genial parodia de la política española que más pasiones desata (y no buenas, precisamente), que con muchísimo tiempo menos de existencia y publicaciones, ha superado con creces en seguidores al perfil de la de verdad. Y es que… ¿quién quiere leer los tweets políticamente correctos e hipócritas de la real, cuando podemos acceder a lo que realmente diría si fuera sincera?
Espeonza es una arpía franquista encantada de conocerse, que no duda en hacer gala de su clasismo, homofobia, y racismo, o su afecto/animadversión, hacia otros políticos como Camps y Gallardón. Nos insulta a la clase pobre, el populacho, pero de una forma en que es imposible no rendirle culto.Señoras y señores, con todos ustedes, ¡EspeOnza Aguirre!:
- Llamé a Camps. -Paco, que en Valencia las cuentas no cuadran; ¿se puede saber qué hiciste? –Mi agosto. ¡¡¡JAJAJA!!! Vive muy locamente.
Respecto al segundo, sólo puedo decir que al poco de conocer a mis compañeros de autoescuela, supe que me estaban dando un material impagable para el blog. Procedo a las presentaciones:
- EL PESADO: ¿Sabéis esa gente que quiere ser tan sencilla, espontánea, ocurrente y sociable… que acaba consiguiendo todo lo contrario? Pues eso mismo. Combinadlo con el tipo de persona que siempre necesita aportar una anécdota de lo que se esté contando, para no ser menos, y obtendréis al pesado:
- Tuve un accidente y me amputaron un dedo.
- ¡Pues eso no es nada! Yo tuve un accidente y me amputaron la cabeza. ¿Os he contado esa? ¿eh? ¿eh? Un día deberíamos quedar todos para cenar, ¿eh? Vamos profe, enróllese ahí, ¿eh? Con la juventud, jejeje, ¿eh?
- ¬¬
Vale, es una exageración, pero os hacéis una idea.
-
- … porque eso permite filtrar las impurezas del motor, y…
- Choss, profe, ¿ve? Eso es lo que me traba a mí, que usa unas palabras super trabosas, y no me entero. ¿Qué es eso de la impureza?
- … la suciedad
- ¿Ve? Así sí, ¿Por qué lo lía con rollos en plan culta?

- ...y este tipo de vehículos pueden llevar acoplado un sidecar
- Perdón, ¿cómo...? ¡Ah! Debe ser lo que yo conozco como un “sáidcahr”.
- ¿Eres inglesa, gilipollas?
- No, but we talk in english if you want
- ¿Qué? ¬¬
- Nada nada, es que si uno no practica el idioma se acaba perdiendo. Y el inglés es muy importante en este mundo que vivimos, porque bla bla bla...
¿Y vosotros? ¿Habéis cumplido algún propósito, o ya los habéis abandonado? ¿Hay alguno que tengáis aún esperanzas de llevar a cabo?
Como rey mago oficial de mi familia, gran parte de los regalos de este año están guardados en mi cuarto, y digo guardados y no escondidos, porque en mi casa somos más de amontonarlos y poner una sábana por encima. Cuando uno ve un bulto de paquetes tapado por una manta sabe que no la puede levantar y punto; todos respetamos el código y no nos volvemos locos buscando escondites infranqueables.- ¿Pero por quéééé?

De todo el montaje de las navidades, del absurdo derroche y la felicidad impuesta, de los buenos deseos repetidos año tras año, hay algo que para mí siempre se salva. Y de qué manera. Es la víspera de Reyes, la noche de Reyes. Creo que en esta noche del cinco de enero está contenida toda la felicidad de mi niñez. El nerviosismo, la duda, la espera colectiva, con mis hermanos, con mis primos, el insomnio tan raro de los niños que sólo es provocado por el miedo, la fiebre o la esperanza. Creo que ninguna noche de Reyes de mi infancia dormí sola. La casa de mi abuelo, donde solía pasarla, estaba llena de niños. Esa abundancia de criaturas puede parecer ahora algo peculiar aunque era normal en aquella época, los sesenta, en la que abundaban las familias numerosas. Nos acostábamos disfrutando de la gran mentira. Teníamos algunas dudas, claro. Se oían muchos rumores. Pero estaba la evidencia de la carta, que se había echado al buzón, de la fruta y el vino que se dejaban en la ventana, de los ruidos nocturnos que producían susto e impaciencia. Al día siguiente todas las dudas se disipaban. Ahí estaban algunas de las cosas