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jueves, 5 de enero de 2012

La mentira más dulce

Como rey mago oficial de mi familia, gran parte de los regalos de este año están guardados en mi cuarto, y digo guardados y no escondidos, porque en mi casa somos más de amontonarlos y poner una sábana por encima. Cuando uno ve un bulto de paquetes tapado por una manta sabe que no la puede levantar y punto; todos respetamos el código y no nos volvemos locos buscando escondites infranqueables.

El problema es que desde que mi primo pequeño ha entrado en juego y tiene autonomía para moverse por la casa (vamos, que hace mucho que no gatea y llega a todos los manillares), nos vemos obligados a ser discretos, así que optamos por cerrar las habitaciones con llave en estos días. Nunca ha supuesto un problema respecto a él, que si ve una puerta cerrada no le da mayor importancia... hasta ayer. Se empeñó en entrar a mi cuarto a cualquier precio, y no había forma de que entrara en razón con ninguna de las excusas que le dábamos. El pretexto es que estaba muy desordenado y a mi mi madre no le gusta enseñar la casa así (lo cual es cierto, por otra parte):


- ¡Pues yo quiero entrar en el cuarto de Pablo!

- No Andrés, que hoy no se puede

- ¿Pero por quéééé?

- Ya te lo he dicho, porque está muy tirado, y no se puede ni caminar

- ¡¡Pero que da iguaaaaaal, yo sólo quiero veeerlo!!

- Pero si lo ves todos los días, ¿qué más te da?

- ¡Pues no me voy de aquí hasta que no lo vea!

- Ya lo verás mañana, cuando esté recogido

- ¡NOOO! ¡YO QUIERO VERLO AHORA, QUIERO VERLO TIRADO! ¡BUAAAAAA!


¿Cómo le explico que no lo hacemos por joder sino por lo bonito que es conservar la ilusión de los reyes?
Me recordó a un escrito de Elvira Lindo que leí hace un par de años, y que rescato aquí para vosotros. Se llama "La mentira más dulce":


Siempre he preferido saber la verdad. O lo más aproximado a la verdad. El trauma de la verdad es más digno que el consuelo de las mentiras piadosas. Conozco a personas que ruegan que les mientan para seguir viviendo, o que viven dentro de ella, de una mentira, y se acostumbran, se adaptan a una farsa, la del amor que ya no existe, la de una amistad que se pudrió hace tiempo, la de una vocación para la que no tienen talento. Hay tantos ejemplos que podrían darse. Pero la verdad puede contarse sin herir, la verdad puede escucharse sin sentirse humillado. No tiene nada que ver con la grosería ni con la sinceridad faltona. Es algo más hondo y más serio. Sería algo así como actuar según tu conciencia para no estafar a los demás, u exigir que contigo se haga lo mismo. En esta vida tan llena de mentiras, pequeñas o grandes, piadosas o crueles, sólo hay una que lamento que fuera descubierta. Va a sonar pueril. Lo sé. Pero qué importa, el recuerdo de la infancia está lleno de detalles pueriles.

De todo el montaje de las navidades, del absurdo derroche y la felicidad impuesta, de los buenos deseos repetidos año tras año, hay algo que para mí siempre se salva. Y de qué manera. Es la víspera de Reyes, la noche de Reyes. Creo que en esta noche del cinco de enero está contenida toda la felicidad de mi niñez. El nerviosismo, la duda, la espera colectiva, con mis hermanos, con mis primos, el insomnio tan raro de los niños que sólo es provocado por el miedo, la fiebre o la esperanza. Creo que ninguna noche de Reyes de mi infancia dormí sola. La casa de mi abuelo, donde solía pasarla, estaba llena de niños. Esa abundancia de criaturas puede parecer ahora algo peculiar aunque era normal en aquella época, los sesenta, en la que abundaban las familias numerosas. Nos acostábamos disfrutando de la gran mentira. Teníamos algunas dudas, claro. Se oían muchos rumores. Pero estaba la evidencia de la carta, que se había echado al buzón, de la fruta y el vino que se dejaban en la ventana, de los ruidos nocturnos que producían susto e impaciencia. Al día siguiente todas las dudas se disipaban. Ahí estaban algunas de las cosas
que habíamos escrito con nuestra letra de cartilla escolar.

Luego vendrían esos años de sequía en los que la mentira perdió todo su brillo, hasta que volvió renovada con la presencia de los hijos. La víspera de Reyes recobraba entonces su sentido. En la cama dormía solamente un niño, dos como máximo, pero el insomnio era el mismo, las dudas y la esperanza también. Sabemos que ellos oían ruidos de madrugada, los pasos de quienes dejaban los regalos en el salón, sentíamos una felicidad delegada. Era muy temprano cuando venían corriendo a nuestra cama a enseñarnos el nuevo juguete. Ojalá todas las mentiras fueran como ésta.

sábado, 31 de diciembre de 2011

2011

Para mí un 31 de diciembre no está completo sin una entrada retrospectiva sobre el año que se acaba, que son ya 4 años haciéndolo, y soy un ser de costumbres.
Diría que este ha sido el gran año de la crisis, pero... ¿cuál no lo ha sido? ¿Llegará algún día en que la crisis sea un amargo recuerdo? Uno llega a pensar que moriremos escuchando hablar de ERES, inflación, despidos, precariedad y paro, pensando, como los viejos, que cualquier tiempo pasado fue mejor… y que antes todo esto era campo.

Mientras la Merkel (o como mi tía la llama, “el hombre peor vestido de Europa”) se convertía en soberana del continente, el bufón de la corte (alias Berlusconi), recogía su carpeta de acusaciones y el mínimo de dignidad que aún le quedaba, para dejar el trono en el que había estado asentado desde que el mundo es mundo. Otros dos que también serían blanco de acusaciones serían la SGAE, cuestionada y desprestigiada por sus gestores, o Undargarín, que debe estar pasando penurias económicas para meterse en chanchullos. La avaricia es muy cochina. Igual que cochina es la hipocresía social respecto a las elecciones; todo el mundo parece estar indignado con que haya salido Rajoy; tras las elecciones no se oían sino lamentos por la vuelta a la España de más rancia, porque resulta que nadie había votado al PP, ¿de dónde sale entonces esa mayoría absoluta? De verdad, es algo que me cuesta entender, no el hecho de que hayan sido elegidos, sino que ahora haya tanto "sorprendido" por ahí. Si hablamos de los que lo hicieron sólo por castigar al PSOE sin comulgar con el ideario del PP, todavía lo puedo entender (que no compartir), pero no puedo con los que tiran la piedra papeleta y esconden la mano. Un poquito de coherencia, ¿no?

Al final mucho 15M y seguimos guiándonos por el esquema de: “voy a castigar al gobierno actual votando por la oposición”, y así estamos, en un bucle infinito de bipartidismo.
Eso sí, si hay algo que este año hemos exportado a todo el mundo es la Spanish revolution; no en vano, la revista Time ha proclamado al protestante (así, en genérico) como personaje del año. Estamos hasta los huevos de todo, y para muestra las revueltas en todo el norte de África. Puede que los resultados de este movimiento social no hayan sido las esperadas en nuestro país, pero al menos los partidos minoritarios tienen más representación en el parlamento, y siempre es bueno que haya moscas cojoneras cuestionando lo que se hace, y más cuando quienes gobiernan tienen mayoría absoluta.

España también fue noticia por el volcán de El Hierro, el terremoto de Lorca, el supuesto fin de ETA (yo aún tengo mis reticencias), o las JMJ, porque aunque haya que hacer recortes por todos lados, parece que costear una tomadura de pelo disfrazada de “fiesta de la fe” era algo totalmente imprescindible. ¿Qué son 50.000.000 de euros si son para honrar al papa?
Fuera de nuestras fronteras, Japón se llevó el premio gordo con diferencia: terremoto, maremoto y tsunami, ¿alguien da más?


Este año nos libramos de un par de hijos de puta, como Gadafi o Bin Laden, y nos despedimos
de un buen puñado de artistas, como Elizabeth Taylor, María Isbert, Colombo o Amy Winehouse. Pe y Bardem tuvieron un niño, Shakira y Piqué se volvieron unos cansinos, igual que cansino fue el bombo que se le dio a boda del príncipe Guillermo. La duquesa de Alba hizo el ridículo casándose con un señor cuyas buenas intenciones eran dudosas, en parte porque se ha cuestionado mil veces su sexualidad, aunque la boda de Alberto de Mónaco nos demostró que esto no es un problema para dar el "Sí quiero".

El año en que le vimos a Scarlett hasta el alma fue el mismo en el que se cumplieron 10 años del 11 de septiembre, de la película Amelié, y de la primera película de Harry Potter, que cerró la saga para pena de muchos… y liberación de los actores. Fue también el año de El Cisne Negro, Toy Story 3 (snif.. :( ), la tomadura de pelo de El árbol de la vida, o 127 horas, cuyo protagonista luego criaría al gorila que acabaría con nuestra civilización. Ya podría haberse quedado atrapado en aquella gruta, la verdad.



En cuanto a mí, ha sido un año genial, por los nuevos estudios y la gente nueva a la que he conocido, dentro y fuera de clase. Además, si 2010 me dejó con ganas de coger aviones (sólo me di una escapadita a Las Palmas), este año me puedo dar más que por satisfecho: nada menos que 5 viajes, siendo uno de ellos a Barcelona, a donde quería ir desde hacía siglos, y que no me decepcionó en absoluto, y menos en el plan que fui.

No quiero cerrar el post sin hacer mención a la última entrada de JuanRa, en la que se cuestiona qué está pasando en la bloggosfera para que la gente esté tan dejada. Personalmente creo que tumbrl, Twitter y Facebook han hecho mucho daño, y además, cuando uno lleva aquí mucho tiempo, es normal que la cosa acabe decayendo. Para muestra, yo mismo. Si ya el año pasado auguraba que no iba a tener mucho tiempo para postear, este año ha quedado patente. En los últimos tres meses he tenido el equivalente en entradas a un mes en mi época dorada del blog.
¿Qué será de este edificio de ovejas en el futuro próximo? ¿Es el momento de cerrar las puertas ahora que aún estoy a tiempo de dejarlo con cierta dignidad? ¿Llegaré a celebrar los 5 años de blog el próximo verano? El tiempo dirá. Sólo sé que hoy, 31 de diciembre de 2011, aún estoy aquí para cerrar con LA canción del año, y desearos un feliz 2012 a todos.

Un abrazo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Ciclotimia navideña


¡FELIZ NAVIDAD A TODO EL MUNDO… y próspera cuesta de enero!


viernes, 16 de diciembre de 2011

Contrastes...

Si hay una compañía que hace anuncios míticos es Coca-Cola, que año tras año nos deja campañas que se quedan para siempre en la memoria colectiva, desde el pitapita-del, o el chico de las 11:30, al "para los gordos, para los flacos...", o el de la generación de los 80. No en vano, todos hemos escuchado eso de que antes de que la Coca Cola lo vistiera de rojo , Papá Noel era verde. Tienen los mejores publicistas del mundo.

Uno de sus últimos anuncios buenrollistas es este, en el que nos daban el mensaje de que el mundo está podrido, pero la bondad impera y por eso merece la pena vivir:


Muy bonito. Lástima que al ver la otra cara de la moneda se le borre a uno la sonrisa...


domingo, 4 de diciembre de 2011

¡Me voy de puente!

Viendo el vídeo a continuación (no me juzguéis, es el primero que hago), ¿alguien sabe decirme qué PLANAZO tengo para estos días de fiesta? :)



¡Feliz puente a todos!