Mis días en Lanzarote han sido unas vacaciones familiares a la antigua usanza, porque obviando a los que viven en la península, sólo faltaron cuatro miembros para que estuviéramos todo el clan paterno. Mi abuelo y mis tíos son de secano y lo de meterse en el mar no va con ellos, así que si bien tenían impedimentos por cuestiones laborales, tampoco es que se quedaran muy desconsolados por no poder acompañarnos. Mi hermana estaba en París.
Cuando echo la vista atrás y pienso que estuve a punto de rajarme, me resulta inverosímil, y es que hacía tiempo que no pasaba unos días de relax playero tan buenos. Me han sentado de maravilla. Cada mañana salíamos a navegar y pasábamos el día en alta mar, para volver a media tarde, ducharnos y salir a cenar. Era un plan sencillo y repetitivo pero a la vez insuperable, y todos tenemos claro que esto va a convertirse en tradición; de ahora en adelante, hagamos lo que hagamos en verano, sabemos que tenemos que reservar una semana para el viaje familiar a Marina Rubicón. ¡Ya tengo ganas de que llegue el próximo agosto!
Este verano tenía tantos planes apetecibles que al final no salió ninguno. Contando con MaRía como compañera idónea de viajes, tanteamos varias ideas, desde visitar alguna capital europea, a descubrir alguna comunidad autónoma o hacer el camino de Santiago (los planes iban perdiendo espectacularidad conforme nos hacíamos conscientes de nuestro limitado presupuesto). La idea que más nos tentaba, y que pongo a Dios por testigo que haremos algún día, era hacer el interraíl antes de que pasara la edad a partir de la cual a ella le hacían descuento. No salió, pero según supe luego, aún tenemos un año antes de que se le acabe el chollo, y en consecuencia ya hemos acordado crearnos una cuenta para ir metiendo dinero y que el verano que viene no nos pase lo que este. Y es que ganas no nos faltaban, pero sin dinero no se va a ningún lado.
A principios del año que viene, MaRía se va por cuestiones de trabajo a Italia, muy cerca de Roma, y entonces aprovecharé que tendré estancia gratis para ir a visitarla y quitarnos esta espinita clavada de un nuevo viaje juntos (el último que hicimos fue el verano pasado). En cualquier caso, después de haber estado en semana santa en Nueva York, que era el viaje de mi vida (ahora debería marcarme Asia o Australia como meta suprema), me daba más que por satisfecho por este año, y ya había asumido que no volvería a coger un avión en mucho tiempo. Las cosas cambiaron cuando mi padre me ofreció unirme a él a su aventura marítima en Lanzarote, a la que accedí tras muchas reticencias.
Tiene un velero y un grupo de amigos igualmente con barco, con quienes cada año emprende un viaje hacia La Graciosa, una isla menor pegada a Lanzarote. Atracan unos al lado de otros, como si fueran vecinos en un complejo turístico, y pasan sus vacaciones de vida playera; pesca, sol, mar, paseos por la isla y mucho cachondeo de un barco a otro.
¿Cómo he tardado tanto en unirme a algo tan apetecible? Sencillo: Serían unas vacaciones con sus amigotes… y llámenme maniático, pero no me apetecía una mierda.
Este año cambiaron los esquemas completamente al descubrir Marina Rubicón, un nuevo puerto deportivo en Lanzarote que les hizo olvidar su anterior destino, y además en esta ocasión vamos media familia para allá en avión, evitándonos la paliza de subir navegando. Así sí. Como somos ciento y la madre no cabemos en el barco (sólo hay camarotes para cuatro y el espacio es reducido), así que estaremos en apartamentos cercanos para dormir, pero tendremos el barco como punto de encuentro común. Ya les contaré qué tal, y si por lo que sea no se cumplen mis expectativas, espero al menos venir moreno del todo, que dicen que en Lanzarote el sol pega más fuerte.
Todas las actrices que se precien sueñan con un papel de mala, de zorra rastrera a la par que elegante, por ser uno de los roles más suculentos que se pueden desempeñar. Cuando los llevan a cabo pueden dar rienda suelta a los registros que han de contener en la mayor parte de las ocasiones, y eso para cualquier actor es una gozada.
En el caso de los hombres el malo es psicológica y comportamentalmente más plano, pero ellas tienen más recursos a la hora de enrriquecer a este tipo de personajes. Pueden ser sólo malas o directamente cabronas, que resulta mucho más interesante. Las malas parecen serlo sin más, como si alguien las hubiera sacado de una caricatura y las hubieran puesto ahí, para reír pérfidamente y reflejar que son la antítesis del héroe, pero sin que nos quede claro por qué, como en los dibujos animados. La cabrona no sólo es mala, sino que además es sucia y miserable, pero posée la habilidad de quedar bien a pesar de todo, pasar desapercibida e incluso despertar simpatías. Ser una buena cabrona implica poder llegar a conectar con el público, aún cuando este vea reflejadas las peores cualidades que se puedan tener, y eso no es un trabajo fácil. Hay muchas cabronas memorables en el mundo del celuloide, desde la mítica Bette Davis a las madrastras de culebrón (¡Chan chan chan!), y yo tengo la facultad de empatizar con muchas de ellas y que lleguen a darme lástima; no lo puedo evitar y es algo que nadie comprende. Debería hacérmelo ver…
Mis favoritas son:
1- Nicole Kidman en “Todo por un sueño” (1995). Nicole es una gran mala, y no ha sabido sacar todo el partido de sus dotes interpretativas al respecto. En la película de Gus Van Sant era una auténtica zorra; sabía que era guapa y se aprovechaba de eso para utilizar a los demás, manejándolos a su antojo, trepando en todos los ámbitos, y mirando siempre exclusivamente por ella; y todo sin despeinarse ni perder la sonrisa. También hizo de mala en “Malicia” y en “La brújula dorada”, y debería seguir haciéndolo antes de que el botox la inutilice del todo.
En esa línea se encuentra la televisiva Bree Van de Camp (2 - Marcia Cross en “MujeresDesesperadas”), que sin ser tan malévola, coincide en mantener la sonrisa de cara al público hasta en las situaciones más insospechadas e innecesarias; la fachada es lo que cuenta en sus esquemas, y mientras pisa a quien sea necesario para conseguir lo mejor para ella y los suyos, destila unos modales impecables. Claro que para mala de verdad en Wisteria Lane, la neumática Eddie Brith ( 3 - Nicolette Sheriddan), que pasó de guarra infernal y envidiosa a buena samaritana arrepentida, y de paso, mártir. Llegué a cogerle rabia, pero cuando uno ve que todo es fruto de lo aislada que se siente, al final la mira con ternura. Y es que Eddie sólo quería que la quisieran.
4 - Cathy Bates en “Misery” (1990): No es que tenga un poco de mala leche, es que es una hija de puta sádica, peligrosa y agresiva. Además es desagradable a la vista y le falta un riego; es el egoísmo y el fanatismo hechos mujer y alguien muy fácil de odiar. Sin embargo a mí me da muchísima pena, no puedo evitarlo. No es bien recibida socialmente y se nota a la legua que es tremendamente infeliz. Es abominable, y a la vez dan ganas de darle un achuchón. 5 - Judy Dench en su papelón de “Diario de un escándalo”(2006): Otra mujer entrada en años del estilo de la anterior, que actúa a mala fe, haciendo chantaje, manipulando y siendo tremendamente egocéntrica, pero por ser una reprimida infinitamente desgraciada. Una vez que te cagas en sus muertos, llegas a sentir mucha lástima por ella.
6 y 7- Meryl Streep y Goldie Hawn en “La muerte os sienta tan bien” (1992): En realidad la mala es Meryl Streep, que es un mal bicho caprichoso y vanidoso. La otra sólo está furiosa, y acaba actuando vengativamente en consecuencia. En cualquier caso, ambas destilan tanto patetismo y de una forma tan divertida, que es imposible no acabar adorándolas.
8 - Campanilla en “Peter Pan” (1953): La mejor amiga del niño que no quería crecer fue una compañera fiel hasta que se metió Wendy por medio. La envidia la envenenaba hasta tal punto que llegó a engañar a los niños perdidos para que se la cargaran, y vendió a Peter Pan a su archienemigo por celos. Chiquita pero matona.
9 - Glenn Close en “101 dálmatas: Más vivos que nunca” (1996): Su papel de Cruella De Vilrecuerda mucho al que diez años después haría Meryl Streep (10) en “El diablo viste de Prada”(es curioso cómo siendo una película que me dejó indiferente, es la tercera vez que la nombro en el blog), y ambos casos me provocan compasión. Son mujeres tristes, a las que nadie quiere de verdad, que se refugian en su carrera y se protegen del mundo atacando a los demás desde el poder que les otorga su cargo. Y es que hay gente tan pobre que sólo tiene dinero.
Otra magnate de la moda que sigue los mismos patrones es la apabullante Wilhelmina Slater(Vanessa Williams en “Ugly Betty”; 11), cuyos inmorales métodos para alcanzar sus ambiciones desafían toda ética, pero encuentran justificación en su maquiavélica cabeza. Ansía un puesto de poder que le corresponde por derecho, y no piensa resignarse a ver cómo otro se lleva su trozo de pastel. Es una cuestión de justicia.
12 - Jessica Rabbit en “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” (1988): La exuberante femme fatal animada invitaba a desconfíar de su integridad por la imagen que daba, pero en realidad ella no era mala, es que la habían dibujado así…
Creo que si no tengo ese desconsuelo desgarrado por la emancipación que me corresponde por edad, es porque en cierto modo ya disfruto de ella; por una cuestión de horarios, paso solo la mayor parte del tiempo que estoy en casa. Mi hermana no para por aquí ni atrayéndola con una trampa, y cuando mis padres se dan una escapada, que últimamente es a menudo, paso a convertirme en amo y señor de estos dominios. Ahora mismo estoy en una situación que no se daba desde hace mucho, por no decir nunca: Estoy solo. Absolutamente solo.
Mis padres y mi hermana están de viaje por separado, y también los familiares cercanos a los que acudir en algún momento en que pueda necesitar algo: Mis abuelos se fueron ayer a La Gomera, y de los cuatro tíos con quienes tengo más relación, unos están fuera todo el mes, otros viven en la otra punta de la isla, y los terceros seguro que también cogen camino, aunque sólo sea por no desentonar. Siempre me quedará mi tía, aunque no la cuento como recurso externo al que acudir porque ya paso todo el día con ella. Voy a estar todo agosto como si fuera el único superviviente familiar de un cataclismo nuclear.
Como buen amo de casa, en un rato me iré a hacer la compra, después fregaré la loza, y a continuación me sentaré a meditar una cuestión crucial: ¿En que debería sacarle provecho a esta independencia, más allá de en lo evidente? Acepto sugerencias...
Hace poco, MaRía me comentó que en la última edición de OT habían peleado a los concursantes por no conocer a Bruce Springsteen; espetándoles que qué clase de cantantes pretendían ser si no sabían una mierda de música. La verdad es que como para darles en la boca con un periódico enrollado, y eso que a mí "El Boss" tampoco es que me vuelva loco, pero al menos sé quién es y conozco algunos de sus temas, y ellos deberían tener más cultura musical que yo.
En una sociedad en la que los discos de Reguetón y High School Musical llegan a ser líderes de venta entre los adolescentes, y parece no existir nada más allá de los 40 principales para los menores de 25, da gusto comprobar cómo hay quienes aún siendo muy jóvenes, se decantan por los clásicos: