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domingo, 2 de septiembre de 2007

¿Dónde están los ángeles de la guarda?


¿Alguna vez se han parado a pensar en la de veces que, siendo niños o adolescentes, han estado a punto de sufrir un potencial accidente, que podría incluso haber derivado en muerte, y que sin embargo no ha sucedido?


Con lo fáciles que somos de matar los seres humanos, que morimos de las formas más estúpidas, esta situación no es sólo aplicable a los primeros años de vida, pero es cierto que dada nuestra inconsciencia y falta de miedo a edades tempranas, y la falta de rodaje vital que nos enseña que hacer “esa temeridad” no es de valientes sino de gilipollas, es más probable que “el ángel de la guarda” se vea desbordado de trabajo hasta que maduramos.

No creo que tengamos asociado un ente alado que nos vigila en todo momento y nos salva de los peligros, pero sólo con echar la vista atrás pienso que, o tuve mucha suerte, o el equilibrio natural del universo consideró fuera de lugar que cayera al vacío el día que consideré divertido caminar por el bordillo de la azotea de Javi.

Ni yo morí ese día ni tampoco mi prima Blanca cuando se sentó al borde de una ventana abierta, o mi amigo Pablo cuando se puso de pie con los brazos extendidos en otro borde de azotea, ni ninguno de mis otros amigos al caer aparatosamente de árboles, rodar por escaleras, o ser arrollados por olas que magullaban todo el cuerpo pero no les partían el cuello. Y es que, a pesar de que en teoría somos más frágiles al nacer, parece que en un principio estamos hechos de goma, y que con los años, una vez que la goma se ha desgastado de tanto golpe, caída y pela, nos volvemos responsables y cuidadosos, y nos convertimos en cristal.


En ese sentido, la “suerte” de niños y no tan niños siempre ha estado ahí, pero de un tiempo a aquí, da la impresión de que las cosas están cambiando, o por lo menos me lo parece a mí. Mire a donde mire no veo más que fatales accidentes que acaban en desgracia, peleas tontas que se zanjan en hospitales, y accidentes de tráfico que parecen no disminuir, a pesar de viajar en coches cada vez más seguros, de estar en teoría más preparados para conducir de lo que lo estaban nuestros padres o abuelos cuando aprobaron el carnet, o de ser constantemente bombardeados por agresivas campañas de tráfico y conducir sabiendo que estamos más vigilados y con riesgo de ser sancionados que nunca. Siempre nos quedará José María Aznar, para que con la prepotencia 
y chulería que le caracterizan, suelte perlas como la barbaridad que le espetó a un periodista, al decirle que él podía ir a la velocidad que quisiera, y que los de tráfico no eran nadie para decirle como debía conducir ¡Ole tus huevos JoseMari! ¡Eso si es conciencia social!



Las muertes por accidentes de tráfico constituyen un tema peliagudo pero no es el que me ocupa hoy, pues éstas son, como su propio nombre indica, accidentes, y mientras haya malos conductores e inconscientes en la carretera, será difícil que haya un cambio notable. Lo que me tiene realmente desconcertado es la de muertes por cáncer que hay en absolutamente todos lados. Recuerdo tener la ingenua idea infantil de que la muerte por enfermedad era algo que le ocurría a las personas mayores, tal y como pude experimentar a los 5 años con mi abuela,
y en aquel entonces ni se me pasaba por la cabeza que el mismo cáncer que acabó con ella podría hacerlo también conmigo.


Parece que en los últimos años esta terrible enfermedad se ha cebado con quienes “menos la merecen”, en el sentido de que si bien es cierto que morir así, o pasar por el agresivo tratamiento que conlleva su cura, no es algo que merezca nadie, que te toque antes de los 30 años es una auténtica putada. El hermano de un buen amigo lo pasó cuando aún no había cumplido los 20, aunque afortunadamente a día de hoy no es más que un recuerdo gris, algo que no puede decir el hermano de otra buena amiga, que con tan sólo 13 años se fue…13 años, señoras y señores ¡seamos serios!, ¿a cuenta de qué coño muere alguien con esa edad mientras tanto hijo de puta lo hace plácidamente de viejo, después de toda una vida de crímenes y cabronadas? La lista sigue y sigue, tanto, como personas a las que conozcas, que directa o indirectamente, sabrán de algún caso trágico de estos; yo, sin ir más lejos, estoy falto de dedos para enumerarlos todos: una chica de 22 años, otro de 24, otra de diecimucho, y así suma y sigue. ¿Se puede saber a dónde coño han ido a parar todos esos seres que velaban por nosotros?



Uno da por hecho con preocupante pasividad que haya sitios de los que hayan emigrado junto a la dignidad, el respeto a los derechos humanos, la coherencia mental y la paz, pero no es 
posible que se hayan dado tantas bajas en el sector de espíritus celestes en mi entorno más próximo. Quien quiera que rija las contratas de nuestros protectores la está cagando de una forma espectacular. Si a todo lo dicho sumamos muertes a causa de terceros y otras absolutamente imprevisibles como la muerte súbita, nos quedan dos opciones: resignarnos e ir cabizbajos por la vida temerosos de correr la misma suerte, o por el contrario, abrazar cada instante de vida como si fuera el último. Yo personalmente opto por lo segundo…

Hace unos años decidí cambiar el chip de pesimismo personal como actitud ante la vida por todo lo contrario, de modo que en vez de darle mil vueltas a eso que hice o dije, o plantear todos los posibles desenlaces negativos de llevar a cabo una acción antes de hacerla, ahora soy más del planteamiento de: “bah, asimismo y pa´lante”. Si sale bien me alegraré de no haberle dado tantas vueltas, y si sale mal lo tomaré como un aprendizaje vital, y es que ahí está la clave para 
ser feliz: enterrar al Calimero interior y plantearse que si te pierdes, te equivocas de guagua, fulanita resulta ser una zorra, o te roban las cosas en un descuido, sabrás cómo actuar en un futuro para evitar, en la medida de lo posible, frustraciones innecesarias derivadas de casos parecidos.

La vida es realmente corta. Cuando eres niño sólo quieres crecer, conforme vas creciendo no quieres que pase el tiempo tan deprisa, y cuando llegas a cierta edad echas la vista atrás con nostalgia, pensando en todo el tiempo ya pasado que no podrás recuperar. Un año pasa volando, y el siguiente también, y el otro… y en un abrir y cerrar de ojos, casi sin haberte dado cuenta, has pasado de entrar en el instituto a tener el título de tu carrera enmarcado en la habitación. Mientras esto ocurre nos agobiamos por mil cosas que en realidad son banales. Nos enfadamos por tonterías con gente a la que apreciamos, acumulamos rencores innecesarios, y dejamos de hacer muchas cosas por hacerlas más adelante, porque total…para todo hay tiempo…o quizás no.


Se que todavía soy un pipiolo, pero a pocas semanas de cumplir 21 años, me abruma pensar en la de cosas que tengo pendientes, en todo lo que me gustaría llevar a cabo, y en el tiempo de vida que me queda por delante que no se si me dará para todas ellas. Sólo espero que el destino no me tenga reservada una de sus bromas pesadas, y que los ángeles de la guarda abandonen la huelga y vuelvan a normalizar su situación laboral.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues si, estoy de acuerdo contigo,yo no mori de pequeña por puro milagro, ya no solo por las incoherencias que hacemos cuando somos niños, que las pensamos ahora y nos dan ganas de volver a tras, no para enmendarlo,sino para darnos de tortas por subnormales.
Sin ir mas lejos, un ejemplo de niña estupida y mas estupida aun, soy yo mima. recuerdo con gran miedo, cuando era pequeña y estaba en el colegio hermanos tabares barlet, mas conocido como el colegio cuesta piedra (no es que fuera una ruina es que era el que mas cerca me quedaba y eso que no me quedaba tan cerca). pues para ir al colegio todos los dias tenia dos maneras. La primera, era subir hasta la cuesta caminando obviamente, que cuando era pequeña para mi era una pechada que te cagas, hoy en dia esta ahi mismo a dos pasos. y la otra manera, cruzar por en medio de un barranco lleno de toxicomanos e infectado con jeringillas, que mas de una vez me vi a alguno pinchandose...y yo ...siga siga como si yo no estuviera... Pues bien, ya que el camino de la cuesta era muy pechada, mi hermano y yo que era un año mayor que yo nada mas, ibamos por el barranquito, como lo llamabamo. Un dia llego al colegio un niño muy enrollado y se hizo amigo nuestro, nose porque la verdad ya que nosotros eramos los tipicos avasallados pa qe mentir. Pues a nuestro querido amigos, que tomaba el mismo camino que nosotrs, un dia se le ocurrio que en vez de ir por el barranquito propiamente dicho, fueramos por la tuberia que lo pasaba por en medio alla arriba en las alturas de dios, para acortar camino. Pues bien un dia paso el y al siguiente me atrevi yo y asi, mi hermano jamas cruzo, afotutnado el. Yo lo recuerdo como una cosa normal, bah...voy a pasar por la tuberia, que era gordia y tal. Yo tenia nose, unos 7 años no tenia mas. Y ahora me pongo a pensar: LOCO!!!QUE SI ME LLEGO A RESVALAR PODIA HABER CAIDO POR UNA ALTURA DE POR LO MENOS 20 METROS, QUE NO ES POCO!!!ESTABA COMO UNA PUTA CABRA!!!!
Recuerdo que cada vezque pasaba por ahi estaba la zona de peligro que eran los 20 metros de caida, de los cuales no fui conscientes hasta hace poco, yluego venia la zona d eno peligro, que solo tenia 10 metros de caida,10 METROS DE CAIDA!!!.Lo dicho los niños no tiene cabeza, o es qu pasar por en medio de un barranco por una tuberia rumbienta y hecha polvo es tener cabeza???. Cuando ese amigo se fue del colegio ya no pase mas y como mi hermano no queria psar conmigo por se me fue el mono...
Y otra vez que estuve a punto de morir fue cuadno era pequeña tambien, tendria menos de 10 años, me entro una enfermedad que se llama (quedense locos) PURPURA SOREN GENO. estuve como dos meses en el hospital con las piernas todas hinchadas que parecian botas y llenas de puntos negros y rojos horribles. Era una enfermedad que empezaba desde abajo, desde los tobillos, y subia poco a poco, a mi me llego hasta los riñones, y no veas los dolores de barriga que me daban. pero gracias a dios se paro ahi porque si me llega a llegar al corazon, de seguro no estaria aqui escribiendo eso.
Pues bueno esa es la historia de mis dos casi muertes, que no son pocas.
Mery

María dijo...

Hi love!

A mí este tema, el cáncer, me preocupa bastante, más que nada por todo lo que he visto a mi alrededor desde que tenía 8 años hasta ahora, como bien hablamos ayer. Es una enfermedad cruel, poco selectiva, con un tratamiento terrible interna y externamente, y encima, cuanto más joven es quien la padece, en general suele ser más agresiva. El hermano de tu amigo tiene muchísima suerte de estar bien… ojalá yo pudiera tener ahora mismo a mi hermano conmigo.

Pero bueno, no hay vuelta atrás, hay que aceptarlo (muy poco a poco) y vivir la vida intensamente, porque nunca se sabe lo que puede pasar. Ya sabes que una tiene días en los que está más reflexiva que otros (mi blog y yo te lo podemos demostrar), pero pasan. Hay muchas cosas por las que merece la pena vivir, como bien dijiste en una de tus entradas, y la gente que se va seguro que querría que fuéramos felices.

Y ahora cambiando de tercio, en cuanto a lo de hacer locuras de pequeña… se me ocurre una en este momento, que si llego a ser mi madre, me doy de cachetadas jaja. Cuando me cambié de colegio, el primer día a la hora del recreo descubrí unos maravillosos columpios (coño, y a decir verdad, peligrosísimos, supongo que ya los habrán quitado). Te puedo decir que llegué con llagas en las manos porque en el otro colegio donde estaba no había nada de eso, una cancha y listo. En fin, los columpios en cuestión eran de hierro pintado de llamativos colores XD El más alto tenía una altura de 5 metros, y consistía en subir por una escalerita cilíndrica y bajar por un tubo central, como el típico de los parques de bomberos (de ahí las llagas posteriores). Pero como yo era arriesgada y valiente, me sentaba en el peldaño más alto de la escalera y me dejaba caer hacia atrás, o sea, me quedaba colgando de la parte de atrás de las rodillas boca abajo, como una trapecista cualquiera y me columpiaba… jajaja, eso sí, me cogía la falda pa que no se me viera nada.

En fin, cada vez que me acuerdo me da vértigo sólo de pensarlo… colgando boca abajo a 5 metros de altura y con los brazos acariciando el vacío :S No era la única que lo hacía, así que podía haber ocurrido una desgracia… sobre todo cuando daban las llamadas de fin de recreo por el megáfono y nos entraban las prisas por descolgarnos. ¡¡Oh Dios mío!! Jajaja…

Bueno nené, gracias por escuchar mis rollos mentales de vez en cuando ;) Estoy segura de que dispondrás de todo el tiempo que necesitas para hacer todo lo que tienes pendiente.

Besitos

peibol dijo...

A Mery:
¡Joder! Estás viva de milagro entonces :o

A María:
Pues sí, es asquerosamente poco selectiva... así que habrá que ir acostumbrándose, porque de seguro, en el futuro, nos tocarán aún más casos de cerca.

Eso me recuerda a un juego "superdivertido" de mi colegio; tirar los neumáticos pintados de colores que había en el patio, por unas empinadas escaleras que desembocaban en el mismo. Se iban embalando, y salían disparados a toda velocidad; si llegan a hacerlo (yo nunca lo hice), con algún niño despistado en la trayectoria, de seguro nos lo podríamos haber cargado, o como mínimo, hacerle mucho daño :o


A ¡Saludos!

JuanRa Diablo dijo...

Ole y mil veces ole, Peibol. Con esta filosofía ante la vida tienes muchas más papeletas que otros "calimeros" para ser feliz, y si no feliz-feliz, porque la felicidad ya se sabe que nunca es completa, sí positivo y optimista que son cosas que ayudan mucho en la vida.

Algún día quisiera contar en mi blog un pequeño gran "milagro" que salvó a mi hijo de morir. Lo he intentado alguna vez pero quedó un temor tan grande dentro de mí ante la evidencia que le iba a perder que no consigo alejar esos fantasmas y nunca me decido. Muchas veces he pensado que algún ángel de la guarda debió estar con él.

Un abrazo.

peibol dijo...

:D Sigues alegrándome la tarde con cada incursión en viejas entradas; especialmente en las que me encantan, pero que no gozan de mucha acogida.

Creo que sí, que es mucho más interesante ir así por la vida, porque con la de mierdas y miserias que nos rodean, hay que aprender a verle lo positivo a todo.
Estaré encantado (si finalmente te decides a publicarla) de leer esa historia ;)