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viernes, 18 de enero de 2008

“El señor de la cañita y la virgen de los cuatro pelos”



Si dos personas pasean juntas y una suspira con resignación o cansancio, la otra suele responder mentando a algún santo o virgen; algunas de las expresiones más socorridas son: “Ay... señor señor, “Ay... Dios bendito, o “Ay... virgen de la Macarena, pero existen muchas más. A pesar de ser ateo hay un par de personajes del santoral que me encantan. Tenemos a la virgen del camino seco, la del azucarero, o la de la teta al hombro, que resulta de lo más perturbadora, porque ya tiene que tenerlas caídas como para poder ponérselas al hombro, pero mis favoritos son El señor de la cañita y La virgen de los cuatro pelos.

Cada vez que mi amiga María nombra al señor de la cañita yo le correspondo con esta virgen alopécica, y el otro día nos dio por pensar en la relación que une a ambos, estableciendo lo siguiente:



El señor de la cañita es un hombre extremada flaco, un espicho. Cuando uno se lo encuentra por la calle dan ganas de darle un bocadillo de albóndigas a ver si coge un poco de cuerpo, pero se ve que a él le gusta estar así, o que por el contrario tiene problemas para engordar; en cualquier caso es feliz porque su aspecto forma parte de su personalidad. Por su parte, la virgen de los cuatro pelos es una mujer de pueblo que posee una belleza apabullante. En su día tuvo pretendientes hasta debajo de las piedras, pero ninguno estaba a su altura; estuvo a punto de casarse con muchos 
de ellos, advirtiéndoles por supuesto de que ella, como buena virgen, mantendría “su pureza” intacta hasta la noche de bodas. Sus chicos aceptaron esperar porque sabían que merecía la pena, pero al final sus impulsos les dominaron, y todos acabaron poniéndole los cuernos o montando en cólera por cualquier cosa (y es que la falta de sexo agría el carácter). Hoy ella es fuerte pero entonces no lo era tanto, y cada vez que se llevaba disgustos amorosos se arrancaba compulsivamente mechones de pelo de su larga y cuidada melena rubia. Después de muchos desengaños pasó años sin que nadie más la pretendiera, dejándose ver por la calle con los cuatro pelos que le quedaban (y cuando digo cuatro es porque literalmente no eran más), pasando así a ser conocida como el personaje que es hoy.




Un buen día el señor de la cañita entró en su vida y volvió a recuperar la ilusión. Vivieron un 
romance corto pero apasionado antes de prometerse, y por una vez, dado que ya había esperado bastante y en este caso era lícito, accedió a perder la virginidad antes del matrimonio, al fin y al cabo se iban a casar, así que tenía que pasar tarde o temprano.


Estaba recostada sobre la cama observando cómo su futuro marido se desnudaba para ella, cuando súbitamente se incorporó y empezó vestirse. El señor, pensando que ella se habría asustado, trató de tranquilizarla diciéndole que no le haría daño y que tendría mucho cuidado, a lo que ella le contestó que no era eso precisamente de lo que tenía miedo, sino más bien de lo contrario, y es que pudo comprobar por qué lo llamaban exactamente, el señor de “la cañita”. Le puso las manos en de los hombros y le dijo condescendientemente que lo sentía, pero que había esperado mucho tiempo como para darle ese privilegio a alguien que no iba a poder satisfacerla. Dicho esto cogió sus cosas y se fue.

A día de hoy no mantienen el contacto; ella se siente estafada y él humillado, y dicen las malas lenguas que cuando se ven por la calle, se hacen los locos de una forma vergonzante. Aayyy…¡qué complicado es el amor!

10 comentarios:

Mery dijo...

Jajajajaja....chiquita imaginación la tuya y la de Maria!!!!oye pero en serio yo te lo he dicho muchas veces, porque no dejas de perder el tiempo metido en una clase mugrienta en la cual no te enseñaran nada que no te pueda enseñar la vida, y te dedicas por fin a lo que te haria inmensamente millonario. Escribe libros o hazte columnista!!!!en serio, serias famoso porque lo que hacen tus palabras no tiene precio. besitos!!!!

Peibol dijo...

jajaja ¡gracias! Pues no sé que decirte, si este año no me va bien y no me quito de encima las asignaturas que llevo tanto tiempo arrastrando, igual me lo planteo XD. Un beso

Sara dijo...

Jajajajajaaja......Ay dios! Qué risa! xD María y tú se aburren, no? Pero sí, a mi también me ha gustado siempre inventarme historias sobre la gente, aunque sean de lo más estúpidas y surrealistas, pero oye.... luego la gente te mira extraño como diciendo: putos frikis de mierda xD pero naaaaa..... fuck them!

(Por cierto lo de dejar de entrar en una "clase murgienta" nanai, eh? Que yo me entereeee!!!)

Peibol dijo...

Jajajaja, descuida, pretendo ser un buen estudiante este año...¡a ver si es verdad!

María dijo...

Jajaja, me acuerdo que nos inventamos el esbozo de esta historia por teléfono y no podía parar de reir.

Aaaay, ese Señor de La Cañita que tanto me ayuda a mí y a mis conocidos en los momentos de crisis... Isn't he lovely? Siempre me llamó la atención cuando iba de pequeña a las procesiones de La Laguna y mi madre decía "mira María, el Señor de la Cañita" XDD en serio, ¡es tan cómico el nombre! y la imagen inspira tanta resignación que me encanta XD

En fin, espero que la superficial de la Virgen de los Cuatro Pelos y el pobre Señor de la Cañita se reconcilien y vuelvan a saludarse cuando se vean por la calle... que la vida es muy corta.

Besos nené, y a estudiar se ha dicho

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

Oliver dijo...

muy bueno el post. saludetes

peibol dijo...

A anónimo y Oliver:

;) Gracias

JuanRa Diablo dijo...

Lo que no sabes de la historia es que la Virgen de los cuatro pelos se volvió a casar y le gustó tanto la traca que no se conformaba con el sexo doméstico y echó sus canillas al viento (cuatro para ser exactos, que no tenía más la pobre)
Del Señor de la cañita no se ha vuelto a saber. Hay quien dice haberle visto pescando en La Gomera. Vete tú a saber...

peibol dijo...

¿Y cómo te ha llegado a ti esa información, que me entere yo...? :o