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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Día 2 – El paraíso

Si ya lo poco que habíamos visto de noche nos pareció muy bonito, descubrir Marina Rubicón de día fue increíble; es un lugar genial y con muchísimo encanto.
Lo bueno que tienen los sitios nuevos levantados de la nada, es que no tienen “parches”: cagadas arquitectónicas que se solapan a lo largo del tiempo, y a las que no se puede poner solución sin pasar por la bola de demolición. Todo se ve nuevo, impecable y en armonía. El muelle deportivo en sí no es especialmente grande, pero tampoco pequeño; son apenas un par de tramos de calzada anexionados a una única avenida, pero la distribución del conjunto hace que todo parezca un pueblito costero de mayor tamaño.
Está todo en clave de blanco y piedra, con un estilo entre canario y mediterráneo, y con el espíritu marítimo presente en cada rincón. La luz reflejada en los muros, las palmeras y rocas flanqueando a los viandantes, el suelo adoquinado y el olor a mar que llega de todos lados, transmiten una calidez con sabor a verano que resulta irresistible.
Han apostado por los materiales de calidad que exigen poco mantenimiento, y la cuidadísima ambientación de cada restaurante hace que disfrutes mucho más del entorno y el paisaje, que de la buena comida que puedan llegar a servirte. En algunos que están sostenidos con pilares sobre el mar, hay “ventanas” distribuidas por el suelo para ver a los peces. Precioso.
Por supuesto todo esto tiene un precio, uno muy caro. Algunos locales resultan imposibles, y en otros se puede comer sin descalabros económicos… pero estudiando bien la carta; la mitad de las tiendas son muy pijas, y hay que andarse con cuidado antes de sacar la cartera en cualquier sitio. Está claro que la gente que tiene grandes barcos tiene pasta… pero no estaría de más que miraran también por los que no estamos tan montados.
Muy cerca de ese apartheid de lujo existe civilización normal, y menos mal, porque para afrontar ese volumen de gasto habríamos tenido que vender la casa y quedarnos a vivir en el barco. Zapatero estuvo por aquí poco antes de que yo llegara, y algo me dice que él no se iría precisamente a un camping de caravanas...
En cualquier caso es un sitio maravilloso en el que se respira positivismo en el aire; donde sientes que no existe el tiempo ni las prisas, y sólo importa disfrutar el presente. Los ricos también lloran, pero desde luego no lo hacen aquí.

Nos embarcamos por la mañana temprano en nuestra primera travesía hasta la isla de Lobos, un islote deshabitado al norte de Fuerteventura. Como su fondo marino es área de reserva submarina, tiene una gran cantidad y variedad de peces, convirtiéndolo en una delicia para los aficionados al buceo. Cuando uno llega a Lobos (o a cualquier zona costera de Lanzarote), se pregunta quién quiere ir al caribe en busca de aguas cristalinas teniendo esto tan cerca. El mar es completamente transparente, y el color turquesa intenso que parece venir del fondo, unido a la claridad con la que se ve todo lo que hay bajo el agua, te hacen creer que estás en una enorme piscina. Es alucinante.
Estuvimos desde media mañana hasta media tarde, del barco al agua y del agua al barco; buceando, haciendo fotografía submarina, tomando el sol y riéndonos muchísimo; y todo ello con la “compañía” de los Beatles, Aretha Franklin, Seal y Whitney Houston. Si el paraíso no es esto, desde luego debe parecerse mucho.

7 comentarios:

Superpatata dijo...

Qué lugar más bonito. Tenías razón cuando dijiste en la anterior entrada que lo bueno estaba por llegar...
Menuda imagen para terminar la entrada. Qué preciosidad de agua! Ojalá la tuviera cerca para darme un chapuzón jeje.
Un abrazo.

Oliver dijo...

Qué envidia de viaje!!!!
No me queda muy lejos geográficamente pero si que me resultan bastante inaccesibles unas vacaciones de esas características. Qué pedías de la carta para que el descalabro económico no fuera tan gordo?

Bea dijo...

¡Qué pasada! Qué agua tan azul... ¡qué envidia también!

peibol dijo...

Superpatata:
Era impresionante, y lo del agua surrealista; había días que estaba incluso más clarita. Increíble.

Oliver:
Hombre... sólo tienes que buscarte a algún amigo con barco XD. De resto estábamos cerca de Playa Blanca, y menos a Lobos, se puede ir a los demás sitios en coche ;).
En los restaurantes básicamente huíamos de los postres y el vino; pedíamos pocos entrantes o ninguno, y comíamos cosas normales. Todo es ponerse...

Bea:
Ese agua hay que vivirla, porque a pesar de que los días fueran pasando, yo seguía sin creérmela al verla

¡Saludos!

JuanRa Diablo dijo...

Anda que has hecho una exposición del lugar tan buena que bien podían costearte los gastos a cambio de que promocionaras ese paraíso.
Y estoy de acuerdo, muchas de las playas de Baleares y Canarias no tienen absolutamente nada que envidiar a las del Caribe. Es más, me quedo con esas aguas turquesa de la foto antes que las que ví en la costa que visité en Colombia.

Lástima que se suban a la parra poniendo precios.

Un saludo!

Edamal dijo...

Peibol, esto es dar envidia y lo demás es tonteria!!
Yo cuando estuve en Canarias y cuando voy a algunas playas de Cádiz pienso lo mismo o quizás menos finamente, pues siempre digo ¿para que me voy a meter un montón de horas en un avión cuando puedo encontrar lo mismo en España? nunca comprenderé la gente que se va al Caribe a meterse en un complejo turístico e ir a la playa cuando en España tenemos sitios tan maravillosos.
Por cierto, el año que viene como sigas contandonos estas cosas nos iremos con vosotros de vacaciones ;)

Besos

peibol dijo...

JuanRa Diablo:
Fíjate si he vendido bien el sitio, que buscando fotos del lugar en google, para enlazar mediante hipervínculos, varias de ellas remiten directamente hasta aquí :D.

Yo también creo que no tenemos qué envidiar a muchos de los sitios que nos venden como paradisiacos (aunque sigo queriendo ir a la Riviera Maya), pero por contra salir de viaje estando en Canarias siempre es más caro. No todo podían ser ventajas...

Edamal:
Jejeje ahí estamos. A mí lo que me parece de retrasado mental es irse a la otra punta del mundo para no salir del hotel; si fuera a Bora Bora lo último que haría sería quedarme entre mis cuatro paredes.

¡Saludos!