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domingo, 6 de septiembre de 2009

Día 6 – La estafa

La sensación de haber perdido el día anterior, unida a las ganas de exprimir la última jornada de barco, hizo que todos madrugáramos para estar en el mar cuanto antes. Hoy volveríamos a ir a Lobos, y teniendo en cuenta que se trata una hora y pico en llegar, era recomendable no salir muy tarde. Mi prima, que marea cuando hay mal tiempo, iba callada, mirando al infinito y procurando pensar en que era pronto pasaría todo, pero por mucho que tratara de distraer la mente la realidad era que estaba en un barco, que debía aguantar lo que tocara, y que hasta que no nos paráramos no se iba a sentir bien. Le ofrecí ir en “mi sitio”, que es mano de santo contra el mareo, y accedió ecantada, pero a la vuelta nos tocaron las olas que no habíamos tenido en toda la semana, y de haber seguido en la proa se le habría mojado hasta el esófago. A ver cómo lidia de ahora en adelante con el gusto reciente de su novio por la náutica…

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Llegamos, disfrutamos del buen tiempo, almorzamos como marqueses un arroz quinientas delicias, y buceamos de camino a la playa para ver peces. Cuando llegó la hora de irse, en torno a las siete de la tarde, mi prima y yo no queríamos salir del agua. Subir a bordo significaría emprender el último viaje de vuelta, y en su caso en particular, también suponía volver al infierno del estómago revuelto. Remoloneamos lo indecible mientras todos se secaban; buceando, nadando lejos para luego volver y chapoteando con una sonrisa de oreja a oreja. Queríamos prolongar un momento cuyo final estaba marcado, y no podían culparnos; al día siguiente a esa misma hora estaríamos en casa, seguramente terminando de poner lavadoras con la ropa sucia. Volver de los viajes es una mierda.
La travesía de vuelta fue una pesadilla para ella, un reto para su novio y una gran diversión para los demás. Gritábamos de júbilo con cada ola fuerte que nos embestía, como si estuviéramos en una atracción de feria, y cuando el tiempo se calmó nos quedamos como si nos hubieran quitado un caramelo de la boca. En esta ocasión, los encargados de amenizar el viaje fueron entre otros, Roxette, George Michael y los Dire Straits.

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Cenamos en un restaurante en el que nos estafaron a base de bien (¡Nunca pidan platos fuera de carta!), y para continuar con el engaño nos fuimos al barco con la intención de salir a dar un paseo nocturno; habíamos oído lo de las dos lunas del 27 de agosto, y aunque no nos lo creíamos tal y como lo vendían, queríamos alejarnos de la contaminación lumínica para comprobar si de verdad había algo distinto en el cielo. No hizo falta. Desde que se puso el sol sólo había media… y escondida, así que cogimos el toro por lo cuernos y nos preparamos una ronda de mojitos; si el cielo no nos daba lo que queríamos, ya nos encargaríamos nosotros de ver dos lunas… o las que hicieran falta.

7 comentarios:

Nalda dijo...

Después del sexto día... apetece sentarse a tomar algo en esa terracita junto al mar.

Saludos

Indo dijo...

pues vaya chasco, si vosotros no visteis dos lunas en ese enclave, en cualquier otro sitio se habrá visto una mierda, con perdón.
vaya semanita pasasteis.
y volver es un asco, pero hay que hacerlo para poder volverse a ir.
y sigo envidios, envidiosa total.
un beso.

peibol dijo...

Nalda:
Es una gozada. Te estás tomando algo y tienes de frente un pedacito del paseo, el mar y la puesta de sol. Inmejorable.

Indo:
Luego supimos que era un bulo que lleva 5 años corriendo por internet :s. Yo no creí que fuéramos a ver dos lunas como tal, pero sí que quizás se viera Marte un poco más grande. Definitvamente fue el día de las estafas :s

¡Saludos!

JuanRa Diablo dijo...

Me solidarizo con tu prima. Mira que suena bien eso de viajar en barco, con la brisa en la cara y dormir la siesta al compás de las olas. ¿¿Por qué no podremos todos disfrutar de eso?? Yo he llegado a estar malo horas y horas por balancearme un ratillo en un columpio en un día con el cuerpo tonto. Seré pavo!?

Se me había olvidado lo de las dos lunas. Me alegro de que fuera mentira porque no me habría perdonado perdérmelo.

La misma música podría haberla puesto yo perfectamente pues está entre mis CDs. Bravo por ese disc jockey con tan buen gusto.

Y ya para finalizar y para saciar mi malsana curiosidad, ¿eres tú el que habla en el video?

peibol dijo...

Mi prima luego se consolaba diciéndose a sí misma que tenía otras cualidades, pero le fastidia mucho ser la única que lo pasa mal por momentos. Si te sirve de consuelo, yo también me he llegado a marear en los columpios... y he de decir que yo no tengo hijos para utilizarlos como excusa para ir a balancearme. :p

Gracias por las alabanzas musicales, era un gustazo ser yo el que la seleccionara lo que se iba a oír. :)

Un abrazo.

PD. Me temo que puedes ir borrando "la voz" de tu puzzle sobre mí, porque no es la mía :)

Catalina dijo...

Nunca pidas platos fuera de carta y sobre todo sin saber el precio.

Preciosa la última foto.

Besos
Cata

peibol dijo...

Ya... ya aprendí la lección. :s ¡Hijos de puta!