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sábado, 5 de septiembre de 2009

Día 5 – Relax

Los miércoles y los sábados Marina Rubicón se despierta con el bullicio del mercadillo. Resulta curioso ver cómo se venden artículos cotidianos a precios asequibles entre tanta tienda de lujo, pero más aún ver que quienes los compran son precisamente los asiduos a las mismas. Como no salimos en barco por la mañana para ir a echar un vistazo a los puestos, no lo hicimos a mediodía, y una cosa llevó a la otra y tampoco nos organizamos para la tarde. El resultado fue un día neutro de relax, mucho menos estimulante que los anteriores, pero que empleamos en descansar en el hotel, pues aunque no lo parezca navegar llegan a moler, y nosotros no habíamos parado de hacerlo en varios días.

Mi padre aprovechó para salir un rato en barco con el novio de mi prima; al chico le ha entrado el gusanillo por la navegación y se había ofrecido para bajar con él de vuelta a Tenerife, así que toda práctica extra que recibiera sería beneficiosa. Los demás nos quedamos de relax en la piscina y el jacuzzi, hasta que se nos inflaron las narices de de la música que tenían puesta a todo volumen, y subimos a las habitaciones. Después de un día perfecto y otro que también iba ser muy especial, parecía necesario marcar un punto de inflexión; quizás de no haberlo tenido no habríamos valorado tanto los demás, pero para el próximo año no dejaremos que una visita al mercadillo nos estropee un día de navegación. Ni de coña.


7 comentarios:

Superpatata dijo...

Ay, ay, un poquito de organización, por favor .... jeje. Está bien también tener un día de relax, aunque sea en mitad de las vacaciones, que se suponen que son también un periodo de relax... madre mía, cuanta relajación... jajaja.
Saludos!!

Oliver dijo...

Muchas veces está más justificado descansar entre las vacaciones que durante la rutina invernal. Navegar muele, comprar también. merecido descanso, si señor!!!

peibol dijo...

Superpatata:
En realidad lo agradecimos, porque a lo tonto, y aunque fuera a base de bien, estábamos molidos. Pero la sensación de día perdido no nos la quita nadie... :(

Oliver:
Es como cuando te vas a ver mundo por ahí; estás de vacaciones pero resulta un agobio, porque la sensación de falta de tiempo para verlo todo te pone el petardo en el culo, y cuando llegas al hotel para dejar algo y seguir caminando, te planteas muy seriamente quedarte acurrucado en la cama.
Con esto igual; estábamos relajados y descansados... pero a la vez molidos. El cuerpo nos pedía un día sí, pero la cabeza nos pedía lo otro...

Por cierto, ¿tú navegas? ¡Cuéntame!


¡Saludos!

JuanRa Diablo dijo...

Mi suegra no se pierde el mercadillo yeclano de los miércoles ni aunque se encuentre enferma. La semana no le luce sin él. Yo le digo que se pierda alguno para cogerlo con más gusto al miércoles siguiente. Pero qué va, no lo consigo.

No me hables de música a todo volumen que es lo que más he sufrido en mi viaje a Colombia.

Sigo leyendo. :)

peibol dijo...

Es que los mercadillos tienen un encanto especial que atrapa, a pesar de que todos acaben vendiendo lo mismo, y que la mayoría de las veces ni siquiera compres nada. ¿Será que inconscientemente vamos en busca de la ganga de nuestra vida?

Me puedo imaginar el tipo de música a todo volumen... ¡Qué horror!

Catalina dijo...

Había un mercadillo genial en Lanzarote, lo que no recuerdo el nombre del pueblo...¡¡genial!!

Sigo leyendo.
Muak

peibol dijo...

Si lo recuerdas de aquí a un año.. ¡dímelo para cuando vuelva por allí! :D