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miércoles, 6 de agosto de 2008

Día 1 – Calentando motores

Como hay que ser previsores, compramos el billete de avión y reservamos el hotel con la antelación suficiente como para no llevarnos sorpresas, sin pensar que las compañías de vuelo pueden metértela doblada si les da la gana sin que puedas hacer mucho al respecto. El plan era perfecto: Cogeríamos el avión temprano, llegaríamos a media mañana al hotel, dejaríamos las cosas y saldríamos a aprovechar el día. Pero no todo iba a ser tan fácil. De buenas a primeras nos mandaron un mail diciéndonos que “lo sentían”, pero que habían cambiado nuestro vuelo de la mañana a media tarde, lo cual sumado a retrasos, el trayecto hasta el hotel y la hora en que nos quedaríamos libres, suponía perder un día completo de los pocos que íbamos, y pagar un día de habitación para sencillamente dormir. ¡Qué hijos de puta!

Cuando leí el correo estallé en cólera y maldije a los operarios, a sus madres y a todas las compañías de bajo costo; no me daba la gana que me robaran un día por la cara y aquello no se podía quedar así, pero por ahorrarnos dinero habíamos renunciado al carísimo seguro de vuelo (total... íbamos a estar en España, no en Burundi), así que si decidíamos cancelar el viaje no nos darían un duro. Cuando me tranquilicé lo suficiente como para llamar a María y no insultarla a ella también, me aclaró que eso era algo normal, que también pasa con las grandes compañías y que tocaba joderse. Ante mis reproches de insumisión quiso aclararme que era una batalla perdida, poniéndome el ejemplo de una amiga suya que tuvo que comprar un billete de nuevo, porque el cambio que le impusieron era incompatible con sus planes. No me cabía en la cabeza que eso pudiera ser así, así que no lo fue; llamé a la compañía, les di el coñazo, empecé a barajar las ofertas que me proponían, y al final volamos el día anterior por la noche, quedándonos en casa de mi prima para no pagar una noche de hotel por un par de horas escasas. Pasamos de perder un día a ganar una mañana que no teníamos en un principio…estas cosas te hacen sentir que existe justicia en el mundo, aunque sea a pequeña escala.

El día de salida se hizo eterno… es extraño estar todo el día esperando para coger un vuelo; no puedes hacer planes porque no puedes irte muy lejos, pero tampoco tienes ganas de quedarte de brazos cruzados viendo cómo pasan las horas. Cuando salí de casa agobiado por la matraquilla de consejos y advertencias para que no me atracaran, violaran y mataran (no sé si en ese orden), no cabía en mí de la emoción, porque exceptuando mis breves escapadas a Gran Canaria, hacía dos años que no salía para ningún lado. La última vez que había cogido un avión había sido en la semana santa de 2006, que me fui con mi hermana y un amigo a ver Europa de albergue en albergue, pero eso es otra historia de la que ya hablaré. El caso es que entre unas cosas y otras no me había movido de Canarias en dos años, y estaba desesperado ya por irme a algún lado; esta vez ha sido Madrid, pero ahora que he dado con una compañera de viajes perfecta, la ambición con la que decidir destinos crecerá exponencialmente, pasando de España a la Europa cercana, la lejana, los países cercanos a Europa, y acabar viendo Nueva Zelanda o Nueva York. El tiempo -y el dinero- dirán…

Llegué al aeropuerto para comprobar cómo, una vez más, parecíamos habernos puesto de acuerdo con “el uniforme”: vaqueros claros, All Star azul marino, camiseta negra con dibujos blancos en el centro, y maletas negras casi gemelas... ¡Si es que hasta para eso hay compenetración!
En cuanto hicimos los trámites necesarios para sentarnos a esperar el embarque -es curioso lo de usar el verbo embarcar al referirse a aviones- comenzó la tónica de parte de lo que caracterizó el viaje: el apetito voraz de mi compañera y el consumismo impulsivo: Fuimos a un kiosco a abastecernos de víveres y prensa, y desde entonces fue un no parar de comer, impulsado siempre por ella.

La prima en cuya casa me iba a quedar, no estaba ahora en la ciudad, así que quedamos en que fuera su amigo Paolo quien nos diera la llave para poder entrar; por lo visto trabajaba en Barajas, tenía que ir a buscar algo a la casa, y se había ofrecido a llevarnos personalmente. La realidad fue muy distinta: Mi prima le había mencionado algo muy por encima, pero él ni sabía cuándo llegábamos, ni iba a estar en la terminal ese día, ni iba a ir a la casa sino que ya estaba en ella. Quedó en abrirnos la puerta cuando llegáramos (a las tres de la mañana por culpa de un retraso), y ambos temíamos que fuera tan desastrado como mi prima y se quedara dormido, obligándonos a pasar la noche en el portal. Afortunadamente todo salió a pedir de boca.

Llegamos, cogimos un taxi que fue a la velocidad de la luz -¿será cierto eso de que en Madrid todo el mundo pisa el acelerador una barbaridad?-, nos bajamos en la puerta del edificio, Paolo nos recibió, dándonos la bienvenida en un español increíblemente perfecto para ser un italiano que llevaba sólo un año aquí, y nos dormimos…o lo intentamos, porque la cama no era tan grande como para que con el calor que hacía, dormir acompañado (que es una cosa que siempre he llevado muy mal) no se convirtiera en un infierno (nunca mejor dicho). Pasadas unas horas en las que di más vueltas que un trompo, me fui al salón a dormir en el sillón que no ocupaba Paolo, que si bien podía resultar una situación violenta por tratarse de alguien desconocido, era más preferible por estar bajo un aparato de aire acondicionado, y cuando se trata de comer y dormir pierdo toda vergüenza.

5 comentarios:

María dijo...

¡Sorpresa!

Pásate por mi blog a recoger un premio que te he dado ;)

Besos

PD: ahora puedes poner que te lo han dado por triplicado :P

Sara dijo...

Pablo, querido, te aburres, verdad? xD jajaja me encanta como cuentas con tanto lujo de detalle el viaje, en serio, dentro de poco nos contaras de qué color eran los calzoncillos que llevabas cada uno de los días xDDDD
Por cierto, que impresion lo del cuadro, joder, seguro que si buscas en un arbol genealogico es primo de Elijah wood, o si no, es un timo, y el tio en cuestion lo pinto hace 4 años....
Bueno, un besito y menos blog, y mas estudiar!!!!!!!!!! (ya se que me pongo a lo madre protectora jajaja, pero septiembre acecha....)

peibol dijo...

Los calzoncillos seguramente serían negros, como la mayoría de mi ropa interior, y por lo menos así posteo alguito, que tú tienes tu blog más allá de lo abandonado. Besos nené

María dijo...

He de decir que tras las advertencias por parte de la hermana de Pablo sobre la prima de ambos, en las que me ponía de manifiesto lo despistada que era, al principio tuve algunos reparos en no reservar una noche más de hotel por si acaso XD Finalmente, el taxista loco nos llevó a la calle, después de repetirle el nombre unas 1500 veces y nos abrió Paolo con cara de sueño… ¡el pobre!

De todas formas, le debimos parecer lo suficientemente interesantes como para pasar una media hora hablando con nosotros, preguntándonos sobre nuestra vida etc. A su favor he de decir que tras esta media hora fue cuando se le notó un ligerísimo acento italiano y fue, precisamente, porque se entusiasmó hablando de un viaje que haría en septiembre a Milán. Jamás había visto ningún extranjero que hablara tan sumamente bien español y encima, con acento pijo madrileño XD

También es cierto que en este viaje tuve un apetito más que voraz… no sé, será que teníamos mucho desgaste físico caminando todo lo que caminábamos.

Seguiré comentando cada día :D

peibol dijo...

Jajajajaja. Sí, se ve que algo le despertamos, para que se entretuviera a hablar así con nosotros en lugar de seguir durmiendo... :p

Estabas en tu época buchona, no hay más. XD