
Hacía mucho tiempo que me rondaba la idea de escribir algo sobre las “revistas femeninas”, pero no fue hasta el otro día cuando di con el estímulo que me hizo ponerme las pilas. Fue un artículo de la
Cosmopólitan en el que indicaban cómo descartar hombres en función de sus sábanas. Como lo oyen. En la línea de "Hembras al poder" que siguen este tipo de publicaciones, sólo había ejemplos negativos, no vaya a ser que la escritora no peque de sexista y le llenen la oficina de cartas incendiarias; conviene recordar que
el sexismo está bien visto cuando se da de mujeres a hombres.
Si yo fuera a descartar a alguien en función de cómo tuviera vestida la cama, lo único que me podría espantar es que la tuviera visiblemente sucia. Si no es así, ¿quién cojones se detiene a pensar en interiorismo cuando va a echar un polvo?
Decía así:
“Las sábanas blancas o en colores lisos son las elegidas por la mayoría de los varones. Una pena, porque es señal de falta de imaginación, y lo más probable es que no te sorprenda ni dentro ni fuera de la cama.”
(Y punto. Si tiene sábanas blancas o lisas es porque es soso en la cama. ¿Pero qué clase de lógica estúpida es esa? Si tenemos en cuenta que todo el mundo tiene sábanas así resultaría que nadie sabría follar, y aunque sólo sea por estadística a alguien se le tiene que dar bien. Personalmente creo que quien está sexualmente insatisfecha es la autora de esa tremenda memez, y por no flagelarse a sí misma echa balones fuera de forma general. Eso sí, seguro que en su casa tiene unas sábanas de diseño super originales).
Continuaba:
“¿Sábanas con dibujo y edredón a juego? Seguramente se las ha comprado su mamá y él espera que tú le cuides como lo hace ella.”

(De cajón. Puestos a ser demagogos y absurdos, también podrían decir que se trata de alguien poco convencional y atento a los detalles, y que por tanto va a darte el orgasmo de tu vida, pero no, aquí se trata de ir a matar ¡
Abajo los hombres! ¬¬)
Y por último:
“Si son de seda o satinadas puede tratarse de un mujeriego irredento a quien sólo le importe el número de sus conquistas.”
(O puede ser que tenga pasta y le gusten las comodidades. ¿Pero quién cojones ha escrito esta sarta
de tópicos e imbecilidades? Además, cualquier mujeriego sabría que las sábanas de seda son cómodas para dormir, pero no para follar, que te resbalas).
El mini artículo acababa ahí, supongo que porque no había forma de estirar más un tema sin pies ni cabeza. Dado que ponen tantas pegas a todas las camas ajenas, me pregunto lo siguiente: Si no son válidas las sábanas blancas, de colores lisos o con dibujos ¿Cuáles coño esperan encontrar? ¿Una piel de tigre encima de la cama? ¿Tela de esparto? ¿Un saco de dormir?
Son cosas como estas las que me hacen cerrar de golpe las revistas del género que llegan a mis manos y que me molesto en hojear, quizás con la esperanza de que alguna se desmarque y ofrezca algo interesante (bueno, eso y que son las que hay en la peluquería). Como ese momento no ha llegado, y aunque seguramente haya alguna que merezca ser salvada de la quema, puedo afirmar con la boca bien grande que estas publicaciones denominadas son una puta mierda. Sin paños calientes.

La anatomía típica en cada número es más o menos la siguiente:
-Infinitas hojas de publicidad, tanto antes de llegar a los contenidos como en cada página derecha; toda orientada a la búsqueda de la eterna juventud.
-Un sumario que nos presenta una nada intrascendente y vacua (aunque ordenada, eso sí).
En algunos casos escriben un editorial estúpido y facilón, como para dar pinta de revista seria.
-Varios artículos banales en los que se plasma una y otra vez el mismo mensaje a voz de grito: ¿A dónde demonios vas con esas pintas? Si quieres ser alguien, haz el favor de comprarte todo lo que te decimos. ¡Fracasada!
-Un reportaje sobre cómo manejar a los hombres en alguna faceta determinada, y
otro del tipo “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. -Una entrevista trivial, o en su defecto un reportaje lacrimógeno, sobre cómo la diva de turno se ha dejado el rimel en casa para hacerse unas fotos con negritos desfavorecidos, y que todos vean lo buena que es. -Más deshechos de relleno; desde publirreportajes a cotilleos, pasando por consejos para que tus muslos parezcan menos celúliticos, o cómo limpiar entre los azulejos.Todas estas revistas se presentan como magazines actuales para la mujer moderna y liberada, que toma las riendas de su vida en un mundo falócrata, pero en realidad sólo ofrecen la misma
mierda frívola sobre la necesidad de cuidar el aspecto físico; paradójicamente, al mismo tiempo nos venden que pretenden huir de la esclavitud de ser mujer. A mí que me lo expliquen.
La publicidad directa está ahí y puedes obviarla, pero es que luego en los artículos hay más de lo mismo, es decir, que el número entero es un eterno catálogo de ropa y complementos: cientos de cosas que te dicen que debes tener, para que en unos meses te repriman por seguir

llevándolas; tu estilo se ha
pasado de moda y tú no te has enterado. Menos mal que cuentas con las preocupadas editoras, que se encargarán de orientarte estéticamente para que sigas siendo socialmente apta.
Lo curioso es que estas publicaciones son consumidas por la población media, que tienen un nivel de vida normal y un
poder adquisitivo moderado, pero aún no he visto un sólo número que te anime a comprar en Zara o Stradivarius. No. Aquí te dan reseñas con precios y localizaciones de firmas de lujo, inaccesibles para la mayoría de los mortales. No se puede poner un artículo de “Cómo ahorrar en casa para llegar a fin de mes”, y luego animarte a comprar un bolso de Gucci. Es incongruente lo mires por donde lo mires.
Existe una nueva generación de revistas femeninas "buenrollistas", que tratan de tener más los pies en la tierra, pero la base es la misma y están basadas en las que sentaron los pilares, que siguen siendo líderes de venta mundiales, así que tampoco es que sea como para tirar cohetes.
Las revistas “de hombres” tampoco es que sean merecedoras de aplausos, pero al menos estas tienen “la dignidad” de reírse de sí mismas; saben que van a hablar de coches y tías buenas, y lo hacen en tono jocoso y siendo conscientes de su condición; nunca tomándose en serio a sí mismos.
Además, se da una característica común en las portadas de ambas, que aunque parezca una tontería, da que pensar:
Las masculinas sacan en portada a las tías buenas que los tíos quieren ver; las femeninas ponen a las tías buenas a las que animan a sus consumidoras a convertirse, para así poder gustar a los hombres. Creo que hay poco que añadir al respecto...
En resumen, estos magazines pretenden ser “la mejor amiga en papel” de la mujer urbana, pero apenas llegan a
panfleto imbécil, superficial, fácil y repetitivo. Son una basura que no hace sino perpetuar estereotipos y prejuicios que ya deberían estar superados.